Personalidades

domingo, 23 de agosto de 2026

La identidad canaria y el folclore no necesita embajadores de cartón.

El folclore puede abrir sus puertas a quienes llegan desde fuera, pero acercarse a nuestras tradiciones exige algo mucho más importante que una estameña, una romería o dos canciones: respeto.



Quizás durante demasiado tiempo hemos pensado que para acercarse a nuestras tradiciones había que cumplir determinados requisitos, como si el folclore fuera de un territorio reservado para unos pocos y hubiera que demostrar de alguna manera que se tiene derecho a entrar. Yo creo justamente lo contrario. El folclore tradicional debe estar abierto a todo aquel que quiera acercarse a él y, más que eso, cuando alguien que nunca ha participado de nuestras tradiciones decide hacerlo con respeto, curiosidad y ganas de aprender, deberíamos verlo como una buena noticia. Cada persona que llega puede convertirse en una pieza más para que aquello que nuestros mayores recibieron de sus antepasados ​​puede seguir teniendo continuidad.

Otra cosa muy diferente es pensar que abrir las puertas significa permitir que todo valga. Nuestras tradiciones necesitan personas que las sostengan, pero sostenerlas no significa modificarlas hasta hacerlas irreconocibles. Durante siglos hemos construido una manera de entender nuestra música, nuestras costumbres, nuestras vestimentas y nuestras celebraciones, y todo eso forma parte de una identidad que no debería convertirse en una especie de plastilina que cada cual pueda moldear a su gusto.

Por eso me cuesta entender que todavía pensamos que para tener una conexión especial con nuestras tradiciones basta con ponerse una vestimenta típica, colocarse una estameña delante de miles de personas o salir en una romería para conseguir, por decirlo de alguna manera, el pase directo a nuestra identidad. Durante décadas incluso llegamos a tener por estos lares aquella equivocada y, permitiéndome la expresión, ridícula costumbre de pintarles un bigote a los niños en las romerías, como si aquello fuera suficiente para convertirlos en parte de una tradición que va muchísimo más allá de una pintura en la cara.

Mucho me temo que no funciona así, la identidad no se consigue poniéndose determinada ropa durante unas horas, apareciendo en una fotografía o cantando dos canciones de nuestro repertorio tradicional. Tampoco se consigue al decir que alguien ha hecho más por Canarias que otra persona. La identidad se conoce, se comprende, se respeta y, con el tiempo, se siente. No hay un pase VIP para entrar en ella.

Precisamente por eso creo que lo ocurrido en el Encuentro Tradicional de Cantadores tiene tanto valor. Este año decidimos hacer algo que, a priori, podía parecer una auténtica locura, una apuesta arriesgada y poco habitual que, sin embargo, encajaba perfectamente con nuestra manera de entender el folclore. Tas vez, ahí esté también parte del secreto, en atreverse a hacer cosas que pueden parecer descabelladas sin perder la identidad por el camino. 

Drazel, Aridia Ramos y Cristino Moreno son unos fenómenos, eso no se le esconde a nadie, pero tampoco es menos cierto que no es lo mismo cantar sus canciones que cantar folclore tradicional y hacerlo, además, junto a Los Cebolleros, que tenemos una manera muy particular de tocar y de entender la música. Ahí estaba el riesgo y precisamente ahí estaba también lo bonito del proyecto.

Desde el primer momento los tres se pusieron a disposición, ensayaron duro y prepararon los temas con una seriedad que merece ser reconocida. Hubo momentos durante los ensayos en los que estuvieron perdidos, algo absolutamente normal cuando uno se mete en un terreno que no domina, pero siempre terminamos encontrándonos. Nadie tuvo que dejar de ser quien es para poder acercarse a la forma de hacer del otro.

Los Cebolleros no tuvimos que dejar de ser Los Cebolleros para compartir escenario con ellos, ni ellos tuvieron que convertirse de repente en folcloristas para poder cantar con nosotros. Nos encontramos en un punto común, nos escuchamos, aprendimos unos de otros y conseguimos que aquello que podía parecer una apuesta descabellada terminara convirtiéndose en una noche que, al menos para mí, quedará durante mucho tiempo en la memoria.

Hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien en una actuación y no solamente por lo musical. Aquella noche había algo más, un mensaje que quizás para algunos pasó desapercibido, pero que para mí era fundamental: el folclore tradicional sigue teniendo capacidad para acercar a personas que hasta ahora no habían formado parte de él y eso, lejos de ser una amenaza, debería alegrarnos.

Porque aunque algunos digan que el folclore no es tendencia, aunque no tenga el número uno en las listas o no ocupe todos los escenarios, hay algo que ninguna clasificación puede medir, y es la huella que deja. Aquella noche hubo música, voces, instrumentos y una plaza llena, pero también hubo tres personas acercándose a nuestras tradiciones con respeto y descubriendo que dentro de ellas hay mucho más de lo que quizás habían conocido hasta entonces.

Por eso estoy convencido de que, si algún día Drazel acude a Las Marías, no tendrá ninguna necesidad de cantar “La Morocha” para participar de aquella fiesta. Podrás cantar unas magníficas folías. Si Aridia vuelve para la romería de San Isidro el próximo mes de mayo, podrá interpretar una hermosa isa y, si Cristino acude a la de Santiago Apóstol, podrá poner su voz al servicio de unas sentidas malagueñas. No porque una noche los haya convertido en folcloristas, sino porque aquella noche les permitió acercarse a nuestra música desde el respeto, el trabajo y las ganas de aprender. 

Ahí está, para mí, la verdadera manera de acercarse a una tradición. No hace falta llegar sabiéndolo todo, hace falta llegar dispuesto a aprender. No se trata de disfrazarse de tradición, sino de conocerla, ni de aparentar que se pertenece a ella, sino de respetarla. Mucho menos se trata de venir a cambiarla porque no encaja con lo que cada uno conoce, sino de entenderla para poder formar parte de ella.

Si se puede catalogar lo ocurrido como una nueva manera de acercarse al folclore, bienvenida sea. Si otras personas quieren hacerlo, también serán bienvenidas, porque esto no es de nadie, es del pueblo. Ahora bien, hay una condición imprescindible: hacerlo con respeto y decoro. Aquí no se les ha ido el baifo, como decíamos por estos lares que al parecer la palabra baifo no existió hasta hace nada. Ellos han sabido dónde estaban, qué tenían delante y cómo debían acercarse. Un buen entendedor, pocas palabras bastan. 

Hay que aclarar, que una cosa es una inmersión respetuosa y otra muy diferente es una intervención que termina desvirtuando aquello que pretende celebrar. Nuestras tradiciones llevan siglos construyéndose, transmitiéndose y evolucionando, pero lo han hecho dentro de unos códigos que forman parte de nuestra identidad. Quien llega debería entender que no está ante un escenario vacío en el que todo vale, sino ante una parte fundamental de nuestra memoria colectiva.

Las cosas hay que llamarlas por su nombre. Cuando caigamos en la grave irresponsabilidad de decir que fulano ha hecho más por la identidad canaria que mengano, deberíamos encender todas las luces rojas. Cuando además se afirma delante de miles de personas que ese mismo fulano es, en cierto modo, el artífice de que miles de jóvenes se hayan acercado al folclore porque han tarareado dos canciones que tienen su origen en nuestra música tradicional, mal asunto.

Una cosa es acercar el folclore a las nuevas generaciones y otra muy diferente atribuirse el papel de artífice de una identidad que no pertenece a nadie en particular. El folclore estaba mucho antes que cualquiera de nosotros y seguirá estando mucho después de que nosotros nos hayamos marchado, si somos capaces de transmitirlo sin convertirlo en aquello que nunca fue.

Por eso, yo hoy no voy a decir que Drazel, Aridia y Cristino hayan conseguido nada más allá de lo verdaderamente importante: haber tratado nuestro folclore con respeto, cariño y decoro. No voy a convertirlos en embajadores mediáticos ni a decir que han hecho más por nuestra identidad que nadie, porque nuestra identidad y nuestro folclore no necesitan embajadores de cartón.

Necesitan personas que se acerquen, que se inmiscuyan, que quieran conocerlos y que, aunque el folclore no forme parte de su día a día, sepan respetarlo y, sobre todo, no chotearlo. Cuando eso sucede, cuando alguien se acerca de verdad y entiende lo que tiene delante, termina convirtiéndose en un embajador natural junto a todas aquellas personas que ya llevamos tiempo trabajando por él. No porque lo diga ningún título ni porque aparezca en ningún capítulo de honores y distinciones del folclore, sino porque lo entiende, lo respeta y lo hace suyo desde el lugar que le corresponde.

El folclore es del pueblo y el pueblo somos todos los que estamos dispuestos a conocer, respetar y participar con el decoro de nuestras tradiciones. No es propiedad de una agrupación, de un músico, de un investigador, de una institución ni de quienes llevamos toda una vida participando en él. Es también de quien un día decide acercarse, escuchar nuestra música, identificarse con nuestras raíces y descubrir que aquello que parecía ajeno también puede llegar a formar parte de su manera de sentir.

Me atrevo a decir que ahí está una de las claves para garantizar su futuro. Necesitamos que lleguen nuevas generaciones, nuevas voces y nuevas personas, pero quienes llegan deben entender que vienen a sostener lo que encuentran, no a sustituirlo ni a modificarlo para hacerlo encajar en su propia manera de entender las cosas. Quien llega no viene a ocupar un espacio que pertenece a otros, viene a sumarse, a aprender y a ayudar a que ese espacio siga existiendo.

También por eso quiero detenerme en Los Cebolleros, porque detrás de una noche como aquella hay muchísimo trabajo que no se ve. Hay horas de ensayo, preparación, organización, dudas, correcciones, cansancio y muchos pequeños detalles que terminan haciendo posible que sobre un escenario todo parezca sencillo. Me siento muy orgulloso del trabajo que hemos hecho, orgulloso de cada uno de ustedes, de la implicación, del compromiso y de la manera en la que afrontaron una propuesta que sabíamos desde el principio que no era sencilla.

Cada uno aportó lo mejor de sí mismo y eso se notó en la música, en las voces, en la coordinación y en la manera de acompañar a Manantial, a Los Cabuqueros y a nuestros tres invitados. Pertenecer a Los Cebolleros es mucho más que salir a cantar o tocar, es formar parte de un proyecto, de una historia y de una manera de entender nuestra música y nuestras tradiciones.

En ocasiones he sido duro en mis artículos de opinión cuando entendí  que determinadas acciones ponen en peligro la verdadera esencia de nuestro folclore. Lo he hecho porque creo que también es necesario señalar aquello que consideramos que no se está haciendo bien y porque, en ocasiones, aparecen demasiados falsos profetas dispuestos a explicarnos cómo debemos entender nuestras tradiciones mientras, en la práctica, terminan alejándose de aquello que dicen defender.

La mejor manera de demostrar que lo que dicen no es cierto no siempre está en la crítica, muchas veces está en los hechos. Por eso la fotografía que acompaña este artículo tenga para mí tanto valor. En ella aparecen Drazel, Aridia y Cristino junto a mí, antes de haber compartido escenario con Los Cebolleros, pero detrás de esa imagen hay mucho más de lo que pueda parecer una simple vista. Hay una apuesta arriesgada, muchas horas de trabajo, ensayos, aprendizaje, respeto y, sobre todo, una manera diferente de demostrar que quienes no forman parte habitualmente del folclore también pueden acercarse a él sin necesidad de modificarlo ni desvirtuarlo.

Esta fotografía queda para la historia como una prueba de que existe una alternativa real, posible y perfectamente compatible con nuestras tradiciones. No hace falta cerrar las puertas para proteger nuestra identidad, tampoco convertir nuestras tradiciones en un escenario para quienes quieran apropiarse de ellas. Se puede hacer algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, mucho más difícil: abrir la puerta, enseñar lo que tenemos y esperar que quien entre sepa respetarlo.

Eso fue, en buena medida, lo que ocurrió en el Encuentro Tradicional de Cantadores. Aquella noche fue mucho más que una actuación, fue una demostración de que el folclore puede abrir sus brazos sin dejar de ser folclore, de que puede recibir nuevas voces sin perder la suya y de que puede sumar sin restaurar.

Por eso esta fotografía tiene que quedar para la historia, no por quienes aparecen en ella, sino por lo que representa: una manera diferente de hacer las cosas en la que quien llega no viene a sustituir, a modificar ni a apropiarse de lo que encuentra, sino a sumarse, a aprender ya sostener.

Durante mucho tiempo he defendido que nuestras tradiciones no necesitaban encerrarse para sobrevivir. Necesitan que cada vez más personas quieran acercarse a ellas, pero también que quienes estamos dentro sepamos explicar cómo se entra. Quien lo haga desde el respeto, el cariño y el decoro siempre tendrá un lugar, porque nuestras tradiciones no son propiedad de unos pocos, son patrimonio de un pueblo que tiene la obligación de conocerlas, cuidarlas y transmitirlas.

Aquella idea que podía parecer descabellada terminó demostrando que no lo era tanto. Por eso esta fotografía tenga precisamente ese valor: demostrar con hechos que existe otra manera de hacer las cosas y que abrir las puertas del folclore no significa renunciar a lo que somos.

Las puertas están abiertas. No hace falta un pase VIP, una estameña, un bigote pintado ni un título de embajador. Hace falta algo mucho más sencillo y, a la vez, mucho más importante: respeto por lo que somos y por lo que hemos recibido.

Porque quien llega al folclore con respeto no viene a ocupar un lugar que pertenece a otros. Viene a sumar, a aprender y, quizás sin saberlo, a ayudar a que aquello que recibimos de generaciones anteriores pueda seguir caminando hacia las generaciones que todavía están por llegar.

Si haces esto, ahí de todas, todas… no se te va el baifo.

sábado, 22 de agosto de 2026

Drazel, Aridia y Cristino se suman a Los Cebolleros para demostrar que el folclore no pertenece a nadie en particular.


La noche de este viernes dejó un mensaje claro, además de reafirmar una idea que debería estar siempre presente cuando se habla de nuestras tradiciones: el folclore no pertenece a nadie en particular . Es de todos, de quienes lo interpretan, de quienes lo sienten y de quienes lo han recibido de generaciones anteriores, pero también de quienes se acercan a él por primera vez con respeto, ilusión y ganas de aprender. Así quedó demostrado en la Plaza José Rodríguez Quintana de Barrial, donde se celebró una nueva edición del Encuentro Tradicional de Cantadores, una cita que volvió a reunir a un numeroso público en torno a nuestras tradiciones y que tuvo al GF Los Cebolleros como uno de sus grandes protagonistas.

Los Cebolleros pusieron la música para que tanto la agrupación Manantial como Los Cabuqueros pudieran bailar, aunque la noche guardaba además uno de esos momentos que difícilmente se olvidan. Drazel, Aridia Ramos y Cristino Moreno se subieron al escenario para cantar junto al legendario grupo galdense, tres artistas vinculados a otros ámbitos musicales que decidieron acercarse al folclore tradicional y hacerlo con una naturalidad, una profesionalidad y un sentimiento que terminaron conquistando al público. No fue simplemente una colaboración más dentro del programa, fue una imagen que resumió buena parte del espíritu de esta edición: diferentes caminos musicales encontrándose sobre un mismo escenario y entendiendo que nuestras tradiciones también pueden ser un punto de encuentro.

Durante la velada se interpretaron dieciocho temas , en un recorrido por diferentes géneros de nuestro repertorio donde no faltaron las folías, isas, malagueñas, seguidillas, berlina, sorondongos, El Vivo, pasodobles, Pobre Rafael y las polcas. La música fue avanzando por la plaza mientras el público disfrutaba de una noche en la que el folclore volvió a ocupar el lugar que merece, aunque fueron las intervenciones de los tres artistas invitados las que terminaron despertando una mayor expectación.

Cristino Moreno se decantó por Bolero para Gáldar , del maestro Ignacio, una composición profundamente vinculada a esta tierra que volvió a sonar en la plaza con una interpretación que fue recibida con una ovación sonora. Después llegó el turno de Aridia Ramos , que eligió Madre Canaria , en otro de los momentos especiales de la noche. Entre el público se encontró su hija, todavía un bebé, que acompañaba a su madre desde la plaza en una imagen especialmente tierna y emotiva. Drazel fue el encargado de cerrar este particular recorrido por la música de autor y popular con Sombra del Nublo , de Néstor Álamo, una de las canciones más reconocibles de la música canaria, que volvió a cobrar vida en la voz de un artista acostumbrado a otros registros.

Los tres recibieron el reconocimiento de una plaza entregada, que supo valorar no solamente sus interpretaciones, sino también el paso que habían dado al acercarse al folclore. No resulta habitual que tres artistas procedentes de la música moderna o de otras disciplinas como Drazel, Aridia Ramos y Cristino Moreno decidan adentrarse en la música tradicional y hacerlo con tanta profesionalidad, tan buen hacer y tanto sentimiento. Precisamente ahí estuvo una de las grandes particularidades de este Encuentro Tradicional de Cantadores, en comprobar que no hace falta haber recorrido siempre el mismo camino para poder llegar a un mismo lugar. La música permitió que los tres artistas encontraran su espacio junto a Los Cebolleros y que el público reconociera el esfuerzo y el respeto con el que afrontaron el reto.

La noche volvió a demostrar que el folclore no necesita fronteras ni propietarios, necesita personas dispuestas a mantenerse vivo. Necesita agrupaciones que continúen interpretándolo, personas que lo transmitan, nuevas generaciones que se acerquen a él y también artistas que, desde otros caminos musicales, sean capaces de descubrir que nuestras tradiciones tienen las puertas abiertas. Lo ocurrido en Barrial fue una buena muestra de ello, porque cuando una folía, una isa, una malagueña o una canción como Sombra del Nublo consigue reunir sobre un mismo escenario a músicos de diferentes procedencias, el folclore deja de ser únicamente memoria para convertirse también en presente y, sobre todo, en futuro.

El presidente y director del GF Los Cebolleros, Moisés Rodríguez , quiso agradecer a Barrial que haya vuelto a apostar por una nueva edición del Encuentro Tradicional de Cantadores y destacó el papeldo por los cantadores y por sus compañeros de agrupación, poniendo especialmente en valor el esfuerzo realizado para preparar la noche. Según manifestó, sus compañeros “se lo han currado muchísimo”, por lo que para todos ellos pidieron el mejor de los reconocimientos, el aplauso del numeroso público que acudió a la cita y que respondió con diferentes ovaciones a lo largo de la velada.

Por su parte, el presidente de la Asociación de Vecinos Amagro, Pepe García , manifestó que Barrial es cuna de folclore y destacó que el Encuentro Tradicional de Cantadores había vuelto a convertirse en un gran espectáculo, colocando una vez más nuestras tradiciones en lo más alto y demostrando que la cultura popular puede seguir teniendo un espacio protagonista dentro de las fiestas y de la vida social del barrio.

La celebración de este encuentro ha sido posible gracias a la organización del GF Los Cebolleros , con la colaboración de la Asociación de Vecinos Amagro de Barrial y el Ayuntamiento de Gáldar , además del patrocinio del Cabildo de Gran Canaria, a través de la Consejería de Presidencia , dentro de la convocatoria de subvenciones destinadas al fomento del movimiento asociativo y la convivencia ciudadana. Un respaldo que permite que iniciativas como esta continúen formando parte de la programación de Barrial y que la música tradicional siga teniendo un espacio propio dentro de sus fiestas.

La Plaza José Rodríguez Quintana se volvió a convertir así en un lugar de encuentro, de música y de convivencia. Allí estuvieron las agrupaciones, los cantadores, los artistas invitados y un público que quiso acompañarlos en una noche en la que diferentes formas de entender la música terminaron encontrándose en un mismo escenario. No hubo etiquetas ni fronteras, solamente música, sentimiento y una tradición que volvió a demostrar que está mucho más viva cuando se comparte.

Porque lo ocurrido este viernes en Barrial dejó una conclusión que debería servir para entender el folclore en toda su dimensión: no pertenece a nadie en particular. Pertenece a todos los que lo sienten, lo respetan, lo interpretan y trabajan para mantenerse vivo . Cuando se comparte, cuando se abre la puerta para que otros puedan acercarse y cuando diferentes voces encuentran un mismo espacio para cantar, la tradición no pierde nada.

Lo gana todo.

lunes, 17 de agosto de 2026

"Del Hoy a la Raíz", de Los Cebolleros, reúne en Barrial a tres voces de la música actual que abrazan el folclore canario.

La Plaza José Rodríguez Quintana de Barrial volverá a convertirse en el gran escenario del folclore tradicional canario con la celebración del Encuentro Tradicional de Cantadores 2026, que tendrá lugar, si Dios quiere, el viernes 21 de agosto, a las 21:00, dentro del programa de las Fiestas en honor a Nuestra Señora de Los Desamparados.

Organizado por el Grupo Folclórico Los Cebolleros de Gáldar, el encuentro se ha consolidado como una de las citas culturales más destacadas del verano en el noroeste de Gran Canaria, reuniendo cada año a reconocidas voces del folclore, grupos de baile y numerosos aficionados a la música de raíz en un ambiente de convivencia y defensa de las tradiciones.

La edición de 2026 se presenta bajo el lema "Del Hoy a la Raíz", una propuesta que invita a recorrer el camino que une el presente con nuestros orígenes, poniendo en valor un patrimonio musical que sigue vivo gracias al compromiso de quienes lo interpretan y lo transmiten a las nuevas generaciones.

Bajo la dirección musical de Moisés Rodríguez, el Grupo Folclórico Los Cebolleros ofrecerá un recorrido por algunos de los géneros más representativos del folclore del Archipiélago, interpretando cerca de una veintena de piezas entre isas, folías, malagueñas, polcas y otras melodías tradicionales de diferentes islas, junto a conocidas composiciones de autor y de música popular como Polca del Rebenque , Pobre Rafel o El Ron . El espectáculo se completará con la interpretación, en solitario, de un tema por parte de cada uno de los artistas invitados, una propuesta que promete convertirse en uno de los momentos más emotivos de la velada.

El espectáculo contará con artistas invitados con Drazel, Aridia Ramos y Cristino Moreno, tres voces vinculadas habitualmente a otros estilos musicales que, en esta ocasión, se acercan al repertorio tradicional canario para rendir homenaje a la música de raíz. Tres intérpretes que representan el presente de la música y que, desde él, conectan con el legado cultural heredado de generaciones anteriores.

Drazel

Natural de La Atalaya de Santa María de Guía, es cantante, compositor y actor musical. Formado desde muy joven en la Escuela Municipal de Música de Santa María de Guía y en canto con Beatriz Alonso, ha desarrollado una trayectoria marcada por su versatilidad artística. Ganador del Festival de Cantautores Islasvisión 2010 con el tema Un sueño entre dos , ha participado en programas de televisión, espectáculos musicales y producciones teatrales como Los Miserables , consolidándose como una de las voces emergentes del panorama musical canario.

Aridia Ramos

Cuenta con una sólida trayectoria artística iniciada desde la infancia. Ganadora del programa Menudas Estrellas , donde interpretó a Laura Pausini, ha participado en destacados espacios televisivos nacionales como Sabor a Ti , De Buena Mañana , Crónicas Marcianas y fue finalista de Gente de Primera (TVE), además de alcanzar la fase final del casting de Operación Triunfo . Ha obtenido numerosos premios en festivales de la canción y ha desarrollado una intensa carrera en el mundo de las orquestas, formando parte durante diez años del Grupo Arena y realizando giras con el Grupo Bomba por Canarias, la Península y Suiza. Su versatilidad y experiencia la convierten en una de las voces más reconocidas del panorama musical canario.

Cristino Moreno

Es un cantante grancanario con una dilatada trayectoria musical y una gran versatilidad interpretativa. Ganador del certamen Voces de Gáldar 2024 , protagonizó el espectáculo homenaje a Nino Bravo durante las Fiestas Mayores de Santiago. Es componente de la Charanga Vitamina Band y miembro de la Banda Municipal de Música de Gáldar , formación con la que ha participado tanto como instrumentista como cantante en numerosos conciertos y actos institucionales. Habitual en galas, pregones y eventos culturales, destaca por un amplio repertorio que abarca la canción melódica, las rancheras, los boleros y otros géneros populares. En "Del Hoy a la Raíz" pondrá su voz al servicio del folclore tradicional canario, mostrando una faceta diferente de su reconocida trayectoria artística.

La danza volverá a ocupar un lugar destacado con la participación de la AFB Los Cabuqueros de Arucas y del Cuerpo de Baile Manantial, que aportarán color, movimiento y tradición a una noche concebida para mostrar la riqueza del folclore canario en todas sus expresiones.

Desde su creación, el Encuentro Tradicional de Cantadores se ha consolidado como uno de los actos folclóricos más representativos de las fiestas de Barrial, reuniendo sobre un mismo escenario a algunas de las voces más destacadas de la música popular canaria y apostando siempre por la calidad artística y el respeto al repertorio tradicional.

A lo largo de sus diferentes ediciones han participado cantadores de la talla de Colacho Rodríguez, Américo Cabrera, Mari Naty Saavedra, Gonzalo Godoy, Antonio Marín, Paco Hernández, Samuel Hernández, Fefina Roque, Carmelo Ojeda, Ylenia Rivero, Jonatan Medina, Cathaysa Estévez, Víctor Guillén, Santiago Suárez, Clemente Reyes, Mónica González y Eduardo Santana, dejando una huella imborrable en un encuentro que continúa creciendo año tras año.

El lema "Del Hoy a la Raíz" también queda reflejado en la imagen del cartel anunciador. La flor de la cebolla, símbolo inseparable de Barrial y del propio Grupo Folclórico Los Cebolleros, representa la unión entre las raíces que permanecen bajo la tierra sosteniendo la vida y la flor que brota con fuerza hacia el exterior. Una metáfora que expresa cómo la tradición se alimenta del pasado para seguir mirando en el presente gracias a nuevas voces y nuevos intérpretes.

Más que un concierto, "Del Hoy a la Raíz" será una celebración de la memoria colectiva, de la identidad canaria y del valor de un patrimonio musical transmitido de generación en generación. Una noche para reencontrarse con las raíces, emocionarse con la música tradicional y seguir demostrando que el folclore continúa plenamente vivo.

La organización invita a vecinos y visitantes a disfrutar de una velada única en la que la música, el canto y la danza volverán a convertir a Barrial en punto de encuentro de la cultura popular canaria.

La entrada será gratuita hasta completar el aforo.

El Encuentro Tradicional de Cantadores 2026 está organizado por el Grupo Folclórico Los Cebolleros de Gáldar, con la colaboración de la Asociación de Vecinos "Amagro" de Barrial y del Ayuntamiento de Gáldar, y cuenta con el patrocinio del Cabildo de Gran Canaria, a través de la Consejería de Presidencia, dentro de la convocatoria de subvenciones destinadas al fomento del movimiento asociativo y la convivencia ciudadana.

domingo, 2 de agosto de 2026

María del Pino Rodríguez Mendoza, el folclore, la admiración mutua y el baifo que nunca se fue.


La Gala de Honores y Distinciones de la Asociación Cultural Entre Amigos reconoció su trayectoria en la enseñanza del folclore y la vestimenta tradicional, así como su compromiso con el movimiento folclórico de Gran Canaria

El Teatro Municipal Juan Ramón Jiménez de Telde acogió este viernes una de las citas más significativas del calendario cultural del municipio con la celebración de la Gala de Honores y Distinciones de la Asociación Cultural Entre Amigos , una noche dedicada a reconocer a personas y colectivos que, desde diferentes ámbitos, han contribuido y continúan contribuyendo a mantener vivas las señas de identidad del Archipiélago y transmitir ese legado a las nuevas generaciones.

Aunque me hubiera gustado estar presente y acompañar personalmente a María del Pino y al resto de personas y colectivos reconocidos, me fue imposible asistir. Eso no impide, sin embargo, que desde estas líneas quiera hacer llegar mi reconocimiento y mi felicitación a todos ellos, especialmente a quienes han dedicado parte de su vida a trabajar por nuestra cultura y nuestras tradiciones.

La edición de 2026 centró sus homenajes en investigadores, músicos, docentes, deportistas, etnógrafos, folcloristas y colectivos sociales, poniendo en valor trayectorias muy diferentes, pero unidas por una misma inquietud: trabajar por Canarias, por su cultura, por su patrimonio y por todo aquello que nos identifica como pueblo. La gala volvió a demostrar que la defensa de nuestras tradiciones no depende exclusivamente de quienes aparecen sobre un escenario, sino también de quienes investigan, enseñan, documentan, transmiten conocimientos, recuperan costumbres o trabajan desde distintos ámbitos sociales para que ese legado no se pierda.

En ese contexto se produjo el reconocimiento a María del Pino Rodríguez Mendoza , por su labor en la enseñanza del folclore y de la vestimenta tradicional. Una distinción que pone en valor una trayectoria vinculada directamente a la transmisión de conocimientos fundamentales para comprender nuestra cultura, porque enseñar folclore y vestimenta tradicional es también enseñar una parte de nuestra historia, de nuestras costumbres y de las formas de vida de quienes nos precedieron.

Su compromiso con el folclore ha tenido además una importante dimensión dentro de la propia organización del movimiento folclórico de Gran Canaria. María del Pino Rodríguez Mendoza representó diferentes cargos en la Federación de Agrupaciones Folclóricas de Gran Canaria (FAFGC) , llegando hasta la presidencia, una responsabilidad que refleja los años de implicación y dedicación a un ámbito que necesita precisamente de personas comprometidas para continuar creciendo y transmitiéndose.



Por todo ello, su reconocimiento en esta gala resulta especialmente merecido. No solo por lo realizado, sino por todo aquello que representa una trayectoria dedicada a enseñar, conservar y transmitir. Las tradiciones no permanecen vivas únicamente porque hayan llegado hasta nuestros días; Necesitan personas que las conozcan, que las valoren y que tengan la voluntad de enseñarlas a quienes vienen detrás. Y en esa tarea, quienes dedican parte de su vida a la enseñanza del folclore y de la vestimenta tradicional desempeñan un papel fundamental.

Pero este reconocimiento tiene para mí un significado que va más allá de la propia trayectoria cultural de María del Pino. La vida demuestra que las personas evolucionan y que el diálogo siempre encuentra un punto de encuentro. Nuestra relación no comenzó de la mejor manera, pero el paso de los años nos ha permitido conocernos mejor y, sobre todo, aprender a respetarnos. Hoy compartimos muchas inquietudes y una manera muy parecida de entender la cultura y el compromiso con nuestras tradiciones. Probablemente yo haya ganado algo de madurez y ella contemple muchas cosas desde la experiencia acumulada, pero precisamente esa evolución ha permitido fortalecer una amistad cimentada en valores que considera imprescindibles: el respeto mutuo, la admiración y la sinceridad .

Por eso me alegra especialmente verla entre las personas reconocidas este año. Me alegro por su trayectoria, por su aportación a la enseñanza del folclore y de la vestimenta tradicional y por el compromiso que ha demostrado durante años, pero también por lo que este reconocimiento representa desde una perspectiva personal. Hay relaciones que necesitan tiempo para encontrar su lugar y personas que, después de comenzar desde posiciones diferentes, terminarán descubriendo que existen muchas más cosas que las unen de las que inicialmente podían imaginar.

La experiencia también enseña que nadie permanece exactamente igual con el paso de los años. Cambian las circunstancias, cambian las personas y cambia también la manera de mirar determinadas situaciones. A veces hace falta distancia para comprender, madurez para aceptar y diálogo para encontrar ese punto de encuentro que permite transformar las diferencias en respeto. Y quizás por eso este homenaje tenga para mí un valor añadido, porque representa también la capacidad de las personas para evolucionar y para reconocer en el otro aquello que merece ser admirado.

La Gala de Honores y Distinciones de Entre Amigos fue, en definitiva, una celebración de la cultura desde muchas perspectivas. Cada uno de los reconocimientos puso en valor una forma diferente de contribuir a Canarias, pero todos compartieron algo esencial: la voluntad de trabajar para que nuestra identidad no quede reducida al recuerdo, sino que continuar formando parte del presente y pueda llegar con fuerza al futuro.



Por ello, quiero trasladar mi más sincera felicitación a todas las personas y colectivos premiados en esta edición , investigadores, músicos, docentes, deportistas, etnógrafos, folcloristas y colectivos sociales, porque cada una de sus trayectorias representa una aportación necesaria a nuestra sociedad. Felicitar también a la Asociación Cultural Entre Amigos por mantener una iniciativa que permita detenerse, mirar hacia quienes han trabajado por nuestra tierra y decirles algo tan sencillo y tan importante como gracias.

Y, de manera muy especial, felicitar a María del Pino Rodríguez Mendoza , por una trayectoria dedicada al folclore, a la vestimenta tradicional y la transmisión de nuestra cultura. Me alegra verla recibir este reconocimiento y poder decirlo desde un lugar muy diferente al que ocupamos hace años. Porque, al final, la vida también consiste en aprender, evolucionar y descubrir que el tiempo puede colocar las cosas en su sitio.

Y quizás ella entienda perfectamente lo que quiero decir cuando afirmo que, a pesar de todo, el baifo no se nos fue .

No hace falta explicar mucho más. Hay historias, palabras y recuerdos que solo necesitan ser reconocidos por quienes los han vivido. Y quizás precisamente ahí esté una de las partes más bonitas de esta historia: en saber que, después de todo lo recorrido, el respeto terminó encontrando su lugar.

Enhorabuena, María del Pino. Por tu trayectoria, por tu compromiso con nuestras tradiciones y por todo lo que has aportado para que nuestra cultura continúe viva. Y enhorabuena también a todas las personas y colectivos que compartieron contigo una noche que fue, sobre todo, un reconocimiento a quienes hacen de Canarias algo más que un lugar: una cultura, una memoria y una forma de entender la vida .