domingo, 26 de abril de 2026

Gáldar y Canarias no son un eslogan: ¿se le va el baifo a Quevedo?

La llegada de El Baifo , el nuevo disco de Quevedo, ha venido acompañado de campañas de promoción, actos multitudinarios y una narrativa que intenta presentar el proyecto como símbolo de orgullo colectivo. Pero conviene recordar algo básico: llevar gente a los actos no es sinónimo de hacer las cosas bien. La capacidad de convocatoria puede medir popularidad o impacto mediático, pero nunca sustituye la calidad artística, la coherencia ni el respeto por los valores que se dicen defensores.

Y precisamente ahí aparece una contradicción difícil de ignorar. Mientras muchos estamentos públicos llenan discursos y campañas institucionales a favor de la igualdad, el respeto y la dignidad de la mujer, al mismo tiempo se respalda, promociona o normaliza a artistas cuyas letras han cosificado, degradado o tratado la figura femenina como objeto. Muy coherente todo.

No se puede hablar de igualdad en las pancartas y mirar hacia otro lado cuando el mensaje viene envuelto en éxito comercial. No se puede condenar ciertas actitudes según quién las diga y aplaudirlas cuando generan titulares, reproducciones o rédito político. Si los principios dependen de la fama del emisor, entonces no son principios: son posturao institucional.

Pero además de esa incoherencia, hay otro debate de fondo: el de la identidad canaria utilizada como reclamo.

Porque ser canario no es una estética. No es una etiqueta que se saca cuando conviene ni un decorado que se coloca para conectarse con el público. Ser canario es mucho más profundo. Es sentir la tierra, comprender la historia, respetar el paisaje, defender las costumbres, valorar nuestra forma de hablar y reconocer el esfuerzo de generaciones enteras que levantaron estas islas.

La canariedad no consiste en nombrar Canarias en una canción. La canariedad consiste en vivir Canarias con orgullo, con conocimiento y con responsabilidad.

Por eso sorprende que algunos quieran presentarse como referentes absolutos de lo nuestro simplemente por introducir referencias isleñas en sus proyectos. En municipios como Gáldar, sin ir más lejos, ha habido y hay personas que han dedicado canciones al pueblo, a sus barrios, a sus paisajes ya su gente con mucha más sensibilidad, mejores letras y una conexión mucho más honesta con la tierra que muchas propuestas elevadas por la industria.

Porque hay una diferencia enorme entre crear desde la raíz y utilizar la raíz como estrategia de mercado.

Como galdense, como amante de mi tierra y como defensor de todo lo que representa Gáldar, me entristece, me avergüenza y me duele ver cómo se utiliza el nombre de mi municipio para una canción vacía de contenido, cargada de mensajes cuestionables y con tan escasos puntos literarios. Y todo porque se nombra a Gáldar de forma casi efímera, como si bastara una mención rápida para pretender rendir homenaje o generar identificación.

No. Gáldar merece mucho más que eso.

Gáldar no es una palabra que se coloca en una letra para buscar aplausos fáciles. Es historia viva de Canarias, raíz, patrimonio e identidad. Nombrarlo exige respeto y profundidad.

No por vivir en Gáldar se tiene derecho a nombrarlo de cualquier forma. Residir en un lugar sin licencia para usar su nombre sin sensibilidad ni responsabilidad.

Y aquí entra el símil inevitable de la canción que estamos comentando. Cuando se dice “me tiene perdido el norte como Gáldar”, el propio verso ya refleja una confusión de base. Porque Gáldar no tiene perdido el norte: Gáldar es el norte. Quien parece perdido es quien confunde una referencia geográfica con una idea poética sin sentido.

Y además, en Canarias sabemos bien lo que significa la expresión: a alguno se le va el baifo . Se dice cuando alguien se embala, se pasa de vueltas o pierde el rumbo creyéndose más de lo que realmente es. Y viendo ciertas letras, ciertos discursos y ciertas formas de utilizar nuestra tierra como decorada, da la sensación de que a alguno se le va el baifo y, encima, ha perdido el norte como en la propia canción de la que hablamos.

No por sonar en todas partes se representa mejor a un pueblo. No por reunir multitudes se tiene más verdad. No por repetir símbolos se encarna una identidad. Y no por vender millones desaparecen las contradicciones.

Canarias necesita algo más que escaparates puntuales. Necesita respeto constante. Necesita voces que también hablen cuando se destruye el territorio, cuando se abandona el campo, cuando se precariza a la juventud, cuando se menosprecia la cultura local o cuando se banaliza la igualdad según convenga.

Y también necesita mirar hacia dentro y valorar a tantos creadores de Gáldar, Agaete, Guía y tantos rincones de las islas que llevan años haciendo música sincera, con letras trabajadas y amor verdadero por esta tierra, aunque no tengan millones de reproducciones.

Ser canario no es una pose. No es una campaña. No es una moda.

Es memoria, identidad y compromiso.

Y cuando se confunde todo eso con marketing, cuando se aplaude cualquier cosa por interés y cuando se predica una cosa mientras se practica la contraria, a alguno claramente se le va el baifo… y pierde el norte.

 


De La Goleta al mundo: Arucas distingue a Los Cabuqueros con la Medalla de Plata

 

Hablar de Los Cabuqueros es hablar de Arucas hecha baile, memoria y proyección exterior. Aunque sus inicios se remontan a 1996, no es hasta 1999 cuando nacen como colectivo, la Agrupación Folklórica Los Cabuqueros ha desarrollado una labor constante, rigurosa y comprometida con la recuperación, conservación y difusión del baile tradicional canario, consolidándose como uno de los principales referentes culturales del municipio.



 

La concesión de la Medalla de Plata de la Laboriosa Ciudad de Arucas se fundamenta en una razón principal y plenamente justificada: la extraordinaria contribución de Los Cabuqueros a la proyección exterior de Arucas a través del baile tradicional canario , llevando el nombre del municipio a escenarios de referencia dentro y fuera del Archipiélago.

Su historia tiene además un componente humano esencial. Los Cabuqueros nacen de un grupo de amigos con un fuerte vínculo personal y cultural, con orígenes en un grupo de Carnaval conocido como
Los Chachis . De aquella convivencia festiva y creativa surgió, con el tiempo, una evolución natural hacia el folclore tradicional. Hoy, más de dos décadas después, se han consolidado como una auténtica familia, unida no solo por la pasión por la cultura, sino también por unos lazos personales que han sido clave en su estabilidad y continuidad.




El propio nombre de la agrupación remite a sus raíces más profundas. “Los Cabuqueros” evocan a los antiguos trabajadores de las canteras de piedra azul de Arucas, símbolo del esfuerzo humano y del patrimonio histórico vinculado a la identidad de la ciudad. No es casual, además, que la agrupación tenga su sede en el barrio de La Goleta , enclave estrechamente relacionado con la tradición canteril y con la memoria obrera del municipio, lo que refuerza su arraigo territorial y cultural.




Uno de los aspectos que distingue a Los Cabuqueros es su dedicación exclusiva al baile tradicional, una apuesta singular que en el momento de su creación resultaba poco habitual, y que hoy se ha consolidado como una seña de identidad propia dentro del panorama folclórico canario. Esta especialización ha permitido al grupo desarrollar una línea de trabajo basada en el rigor, la investigación y la fidelidad a las formas tradicionales de danza.

A lo largo de su trayectoria han recuperado coreografías antiguas, formas de baile prácticamente desaparecidas y estilos heredados de generaciones anteriores, contribuyendo de manera decisiva a la preservación del patrimonio inmaterial del folclore canario. Su labor ha sido reconocida como ejemplo de seriedad artística y compromiso cultural.

Especial relevancia merece su taller propio de confección de vestimenta tradicional , uno de los elementos más distintivos del grupo. La indumentaria que utilizan constituye una de sus principales señas de identidad: no es solo un elemento escénico, sino el resultado de un profundo trabajo de investigación etnográfica e histórica. A través de la reproducción fiel de tejidos, cortes y modelos de distintas épocas, Los Cabuqueros han convertido la vestimenta en un elemento esencial de su propuesta artística, aportando autenticidad y valor patrimonial a cada actuación.




Esta labor ha sido clave en su proyección exterior. La agrupación ha representado a Arucas ya Canarias en numerosos festivales internacionales en países como Italia, Marruecos, Portugal y Uruguay, así como en distintos escenarios de la península. De forma especialmente destacada, han llevado el nombre de Arucas a Estados Unidos , con actuaciones en Texas y Nueva Orleans en varias ocasiones , consolidando su papel como embajadores culturales del municipio. 

Asimismo, han actuado en ciudades como Valencia, Huesca, Madrid, Badajoz, Castellón y Palencia , además de haber recorrido todas las islas del Archipiélago Canario participando en los festivales más importantes y mediáticos en cada isla , difundiendo el nombre de Arucas en cada rincón donde han estado presentes.   




Su trayectoria incluye también una presencia destacada en programas emblemáticos de la televisión canaria como Tenderete , La Bodega de Julián y Noche de Taifas , contribuyendo a la difusión del folclore tradicional en el ámbito audiovisual.



En el ámbito local, Los Cabuqueros han mantenido una participación constante en la vida cultural de Arucas, especialmente en las fiestas de San Juan, romerías, actos populares y encuentros vecinales. Su presencia continua ha contribuido a reforzar el vínculo entre generaciones y mantener vivas las tradiciones en el día a día del municipio.

Lejos de ser una agrupación de carácter exclusivamente histórico, Los Cabuqueros continúan hoy plenamente en activo, desarrollando ensayos, actividades formativas, actuaciones y nuevos proyectos culturales. Su vigencia actual confirma que se trata de un colectivo vivo, dinámico y consolidado con la continuidad del baile tradicional.



Este trabajo sostenido en el tiempo ha sido reconocido recientemente con el premio al Mejor Proyecto 2025 otorgado por el programa Tradición y Folklore , que avala su trayectoria y su aportación al patrimonio cultural canario. Este premio fue otorgado junto a Los Cebolleros, Alfaguara, Guarache y Gaida, lo que demuestra que la unión de colectivos de diferentes islas.


Más allá de su trayectoria, Los Cabuqueros dejan un legado cultural y humano especialmente vinculado a la vestimenta tradicional. Su rigor en la investigación, confección y recuperación de indumentarias tradicionales los ha convertido en un referente dentro del folclore insular, hasta el punto de que otras agrupaciones y personas han tomado su trabajo como modelo de referencia. En este sentido, han ejercido también una labor de mentores y transmisores de conocimiento, compartiendo criterios, técnicas y experiencias que han contribuido a mejorar el cuidado y la valoración de la indumentaria tradicional en Canarias.

Por todo ello, la Medalla de Plata de la Laboriosa Ciudad de Arucas reconoce no solo una trayectoria artística de gran valor, sino también una aportación decisiva a la identidad cultural de Arucas ya su proyección exterior. Los Cabuqueros han convertido el baile tradicional, su trabajo de investigación y su cuidada indumentaria en una auténtica carta de presentación del municipio, llevando siempre consigo el nombre de Arucas con orgullo, rigor y coherencia.



Pero esta distinción va más allá de los méritos acumulados. Es también un reconocimiento a la constancia de un grupo que ha hecho de la tradición una forma de vida, de la amistad su base, y de la familia que han construido a lo largo de los años una de sus mayores fortalezas.

Porque cuando Los Cabuqueros bailan fuera de nuestras fronteras, no solo representan a un grupo folclórico: representan a toda una ciudad.

Y en ese reflejo, Arucas se reconoce con orgullo.

 

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martes, 21 de abril de 2026

VI Aniversario de “Ventana Folclórica".

Hay espacios que informan… y hay otros que custodian la memoria.

“Ventana Folclórica”, en Infonortedigital.com, pertenece a estos últimos.

Desde su creación el 21 de abril de 2020, de la mano del folclorista Moisés Aday Rodríguez Gutiérrez, este espacio ha ido tejiendo, semana a semana, un relato vivo de la cultura tradicional canaria. Lo que comenzó en un tiempo de silencio en plazas y escenarios, pronto se convirtió en un lugar donde la tradición encontró continuidad y sentido.

A lo largo de estos seis años y más de seiscientas publicaciones, “Ventana Folclórica” se ha consolidado como un auténtico archivo etnográfico digital, donde la cultura se muestra en todas sus dimensiones. En sus páginas no solo viven las isas, folías o malagueñas, sino también las romerías, expresión festiva y popular donde el pueblo se reconoce, comparte y celebra lo que es.

Junto a ellas, la sección ha sabido poner en valor la artesanía tradicional, reflejo del ingenio y la identidad de las islas: el trabajo en madera, la cestería, el calado, la alfarería… oficios que no solo producen objetos, sino que cuentan historias y transmiten conocimiento de generación en generación.

También han tenido cabida los paisajes humanos y materiales de Canarias: la arquitectura tradicional, los rincones con historia, los monumentos que han resistido el paso del tiempo, las leyendas que siguen vivas en la memoria colectiva, los chistes y la labor de autores, investigadores y espacios culturales que continúan documentando y difundiendo este legado.

Porque el valor de “Ventana Folclórica” no está solo en mostrar, sino en dar sentido. En explicar que cada manifestación sea una fiesta, un objeto artesanal o un relato popular forma parte de una manera de vivir, de entender el entorno y de construir comunidad.

Este espacio ha sabido recorrer las ocho islas, de Gran Canaria a La Palma, de Tenerife a Lanzarote manteniendo siempre una mirada cercana, respetuosa y comprometida con lo propio. En cada publicación hay un reconocimiento a quienes, desde lo cotidiano, han sostenido la cultura sin hacer ruido.

Seis años después, “Ventana Folclórica” es más que una sección: es un espacio de encuentro entre generaciones, donde la tradición no se conserva como algo estático, sino que se vive, se comparte y se proyecta hacia el futuro.

Porque el patrimonio canario no es solo lo que se canta o se baila. Es también lo que se crea, lo que se celebra y lo que se recuerda. Y esta ventana ha sabido, con sensibilidad y constancia, mantenerlo abierto para todos.

Y en este camino, queremos expresar un agradecimiento profundo a los miles de lectores que nos acompañan, y a todas las personas que han compartido con nosotros su sabiduría, su tiempo y su vida. Porque sin ellos, sin sus voces y sin su memoria, “Ventana Folclórica” simplemente no tendría sentido.



Hoy, en su sexto aniversario, celebramos no solo su trayectoria, sino su capacidad de seguir acercándonos, con honestidad, al alma diversa y viva de Canarias

 

sábado, 18 de abril de 2026

La piel como archivo: la fotografía de Elena Fernández Alemán y lo invisible de Gran Canaria

 

Hay miradas que no llegan desde la fotografía, sino desde la vida. La de Elena nace de un lugar donde el tiempo se detiene y lo cotidiano se vuelve esencial. La piel de Gran Canaria no busca retratar una isla, sino escucharla a través de quienes la sostienen, en un ejercicio de presencia, memoria y cuidado que transforma la forma de lo mirar invisible.

Hay manos que no han sido fotografiadas nunca, manos que sostienen, que repiten, que cuidan sin que nadie las mire demasiado, manos que no sabían que también podían ser paisaje.

Cuando Elena Fernández Alemán habla de su trabajo no empieza hablando de fotografía, sino de personas, de aquello que permanece incluso cuando no se nombra, de una forma de estar en el mundo que no tiene prisa por mostrarse. Su proyecto La piel de Gran Canaria nace exactamente ahí, de esa manera de mirar que no busca construir una imagen de la isla, sino acercarse a lo que la sostiene, a lo que normalmente queda fuera del cuadro.

Durante mucho tiempo, su vida transcurrió lejos de cualquier idea de vocación artística. La fotografía no era su profesión ni su camino previsto, sino algo que apareció de forma silenciosa, casi sin nombre, como una herramienta íntima para ordenar lo que por dentro empezaba a desbordarse. No hubo decisión ni plan, solo imágenes que empezaron a acumularse como una forma de detener el tiempo, de mirar sin pasar de largo.

La piel de Gran Canaria comenzó a fotografiarla en junio de 2025, aunque todavía no existía como proyecto. Durante ese tiempo, las imágenes nacían desde lo cercano, retratando a personas de su propia vida. Fue una amiga quien, al ver esas fotografías, le repetía que “hablaban”, señalando algo que aún no tenía forma, pero que ya estaba presente en su manera de mirar.

El nombre con el que firma su trabajo, M. Elena Feral , también nace desde un lugar íntimo. Aunque en su día a día es conocida como Elena, decide mantener la “M.” inicial de María en sus fotografías como un gesto personal: así era como la llamaba su padre antes de morir. Ese detalle se convierte en una forma de presencia, de memoria y de continuidad dentro de su obra.



Y en ese gesto mínimo comenzó a formarse una manera de mirar que todavía no tenía nombre.

Hay algo que atraviesa todo su trabajo y es precisamente esa palabra, detenerse. Sus imágenes no nacen de la urgencia ni del impacto, nacen de quedarse un poco más, de no interrumpir lo que ocurre delante, de escuchar antes de acercar la cámara. En un contexto donde la imagen suele consumirse rápido, su mirada va en dirección contraria, y eso se percibe en la forma en que construye sus escenas, donde no hay artificio ni búsqueda de efecto, sino presencia.

Con el tiempo, esa forma de mirar encuentra un eje claro en la idea de que la isla también tiene piel, no como metáfora cerrada, sino como una realidad que se puede intuir en los cuerpos, en las manos, en los rostros marcados por el trabajo y el tiempo. Gran Canaria deja de ser fondo para convertirse en algo vivo, algo que respira a través de quienes la habitan y la trabajan. En ese desplazamiento, el paisaje deja de ser postal y se convierte en relación.

Hay en su trabajo una atención especial hacia aquello que normalmente no aparece en la imagen dominante de la isla: los oficios que sostienen la vida cotidiana, la agricultura, la ganadería, la pesca, la artesanía. No desde la distancia ni desde la idealización, sino desde la convivencia y la escucha. María se acerca, comparte tiempo, observa sin imponer una narrativa previa, y desde ahí fotografía, no para fijar una imagen cerrada, sino para dejar constancia de algo que sigue ocurriendo.

Detrás de todo esto hay una biografía que no se muestra de forma explícita en las imágenes, pero que atraviesa cada decisión de mirada. La enfermedad, la pérdida de su padre, los tiempos de cuidado, y más tarde el momento en que su propio cuerpo obliga a detenerse. Nada de eso aparece de manera literal en el proyecto, pero todo está presente en la forma de mirar, en la calma, en la atención, en la manera de sostener la mirada sin retirarla.

Durante mucho tiempo, estas imágenes permanecieron en un espacio íntimo, sin destino claro, hasta que una amiga reconoció algo en ellas y habló con la persona responsable de la Sala La Caldereta. Ese gesto abrió una puerta que no estaba prevista, y será allí donde el proyecto se presente del 3 al 18 de julio de 2026, dentro de su primera exposición pública, tras un recorrido que ya había comenzado a tomar forma.


Antes de esa cita, el trabajo ya había encontrado otros espacios de encuentro, como su paso por Gáldar, donde empezó a dialogar con el público desde una cercanía distinta, más cotidiana, ampliando la manera en que estas imágenes empezaban a ser leídas.



A partir de ahí, La piel de Gran Canaria continuará su recorrido, el 17 de junio de 2026 participará en una charla en El Corte Inglés, un encuentro donde el proyecto se abre a la palabra y al intercambio directo con el público, y del 5 al 19 de noviembre de 2026 estará en el Centro de Arte Casa Saturninita en San Bartolomé de Tirajana, ampliando sus contextos de lectura sin perder su origen íntimo.

Al final, lo que queda no es solo un conjunto de imágenes sobre una isla, sino la sensación de haber estado un poco más cerca de algo que normalmente pasa desapercibido, de haber mirado sin prisa, de haber permanecido un instante más donde casi siempre se sigue de largo. Y quizás por eso La piel de Gran Canaria no se lee como una explicación del territorio, sino como una forma distinta de habitarlo.

Y, sin embargo, este proyecto no se detiene aquí.



La mirada de Elena Fernández Alemán se orienta ahora hacia otras islas. No como expansión entendida en términos de crecimiento, sino como necesidad de seguir escuchando otros territorios, otras pieles, otras formas de vida en el archipiélago.

Ese deseo no puede sostenerse en solitario. Requiere apoyos, acompañamiento y estructuras que permitan que un proyecto nacido desde lo íntimo pueda seguir creciendo sin perder su esencia. Porque La piel de Gran Canaria no es una profesión, sino una forma de mirar que ha nacido como afición y que ha ido tomando cuerpo desde lo vivido.



Porque mirar, en este caso, también es cuidar.

Y porque hay proyectos que solo existen si alguien decide sostenerlos.

 

Redes sociales

Instagram: https://www.instagram.com/lapieldegrancanaria/
Facebook: 
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