sábado, 18 de abril de 2026

La piel como archivo: la fotografía de Elena Fernández Alemán y lo invisible de Gran Canaria

 

Hay miradas que no llegan desde la fotografía, sino desde la vida. La de Elena nace de un lugar donde el tiempo se detiene y lo cotidiano se vuelve esencial. La piel de Gran Canaria no busca retratar una isla, sino escucharla a través de quienes la sostienen, en un ejercicio de presencia, memoria y cuidado que transforma la forma de lo mirar invisible.

Hay manos que no han sido fotografiadas nunca, manos que sostienen, que repiten, que cuidan sin que nadie las mire demasiado, manos que no sabían que también podían ser paisaje.

Cuando Elena Fernández Alemán habla de su trabajo no empieza hablando de fotografía, sino de personas, de aquello que permanece incluso cuando no se nombra, de una forma de estar en el mundo que no tiene prisa por mostrarse. Su proyecto La piel de Gran Canaria nace exactamente ahí, de esa manera de mirar que no busca construir una imagen de la isla, sino acercarse a lo que la sostiene, a lo que normalmente queda fuera del cuadro.

Durante mucho tiempo, su vida transcurrió lejos de cualquier idea de vocación artística. La fotografía no era su profesión ni su camino previsto, sino algo que apareció de forma silenciosa, casi sin nombre, como una herramienta íntima para ordenar lo que por dentro empezaba a desbordarse. No hubo decisión ni plan, solo imágenes que empezaron a acumularse como una forma de detener el tiempo, de mirar sin pasar de largo.

La piel de Gran Canaria comenzó a fotografiarla en junio de 2025, aunque todavía no existía como proyecto. Durante ese tiempo, las imágenes nacían desde lo cercano, retratando a personas de su propia vida. Fue una amiga quien, al ver esas fotografías, le repetía que “hablaban”, señalando algo que aún no tenía forma, pero que ya estaba presente en su manera de mirar.

El nombre con el que firma su trabajo, M. Elena Feral , también nace desde un lugar íntimo. Aunque en su día a día es conocida como Elena, decide mantener la “M.” inicial de María en sus fotografías como un gesto personal: así era como la llamaba su padre antes de morir. Ese detalle se convierte en una forma de presencia, de memoria y de continuidad dentro de su obra.



Y en ese gesto mínimo comenzó a formarse una manera de mirar que todavía no tenía nombre.

Hay algo que atraviesa todo su trabajo y es precisamente esa palabra, detenerse. Sus imágenes no nacen de la urgencia ni del impacto, nacen de quedarse un poco más, de no interrumpir lo que ocurre delante, de escuchar antes de acercar la cámara. En un contexto donde la imagen suele consumirse rápido, su mirada va en dirección contraria, y eso se percibe en la forma en que construye sus escenas, donde no hay artificio ni búsqueda de efecto, sino presencia.

Con el tiempo, esa forma de mirar encuentra un eje claro en la idea de que la isla también tiene piel, no como metáfora cerrada, sino como una realidad que se puede intuir en los cuerpos, en las manos, en los rostros marcados por el trabajo y el tiempo. Gran Canaria deja de ser fondo para convertirse en algo vivo, algo que respira a través de quienes la habitan y la trabajan. En ese desplazamiento, el paisaje deja de ser postal y se convierte en relación.

Hay en su trabajo una atención especial hacia aquello que normalmente no aparece en la imagen dominante de la isla: los oficios que sostienen la vida cotidiana, la agricultura, la ganadería, la pesca, la artesanía. No desde la distancia ni desde la idealización, sino desde la convivencia y la escucha. María se acerca, comparte tiempo, observa sin imponer una narrativa previa, y desde ahí fotografía, no para fijar una imagen cerrada, sino para dejar constancia de algo que sigue ocurriendo.

Detrás de todo esto hay una biografía que no se muestra de forma explícita en las imágenes, pero que atraviesa cada decisión de mirada. La enfermedad, la pérdida de su padre, los tiempos de cuidado, y más tarde el momento en que su propio cuerpo obliga a detenerse. Nada de eso aparece de manera literal en el proyecto, pero todo está presente en la forma de mirar, en la calma, en la atención, en la manera de sostener la mirada sin retirarla.

Durante mucho tiempo, estas imágenes permanecieron en un espacio íntimo, sin destino claro, hasta que una amiga reconoció algo en ellas y habló con la persona responsable de la Sala La Caldereta. Ese gesto abrió una puerta que no estaba prevista, y será allí donde el proyecto se presente del 3 al 18 de julio de 2026, dentro de su primera exposición pública, tras un recorrido que ya había comenzado a tomar forma.


Antes de esa cita, el trabajo ya había encontrado otros espacios de encuentro, como su paso por Gáldar, donde empezó a dialogar con el público desde una cercanía distinta, más cotidiana, ampliando la manera en que estas imágenes empezaban a ser leídas.



A partir de ahí, La piel de Gran Canaria continuará su recorrido, el 17 de junio de 2026 participará en una charla en El Corte Inglés, un encuentro donde el proyecto se abre a la palabra y al intercambio directo con el público, y del 5 al 19 de noviembre de 2026 estará en el Centro de Arte Casa Saturninita en San Bartolomé de Tirajana, ampliando sus contextos de lectura sin perder su origen íntimo.

Al final, lo que queda no es solo un conjunto de imágenes sobre una isla, sino la sensación de haber estado un poco más cerca de algo que normalmente pasa desapercibido, de haber mirado sin prisa, de haber permanecido un instante más donde casi siempre se sigue de largo. Y quizás por eso La piel de Gran Canaria no se lee como una explicación del territorio, sino como una forma distinta de habitarlo.

Y, sin embargo, este proyecto no se detiene aquí.



La mirada de Elena Fernández Alemán se orienta ahora hacia otras islas. No como expansión entendida en términos de crecimiento, sino como necesidad de seguir escuchando otros territorios, otras pieles, otras formas de vida en el archipiélago.

Ese deseo no puede sostenerse en solitario. Requiere apoyos, acompañamiento y estructuras que permitan que un proyecto nacido desde lo íntimo pueda seguir creciendo sin perder su esencia. Porque La piel de Gran Canaria no es una profesión, sino una forma de mirar que ha nacido como afición y que ha ido tomando cuerpo desde lo vivido.



Porque mirar, en este caso, también es cuidar.

Y porque hay proyectos que solo existen si alguien decide sostenerlos.

 

Redes sociales

Instagram: https://www.instagram.com/lapieldegrancanaria/
Facebook: 
https://www.facebook.com/elena.fernandezaleman.7

 


jueves, 19 de marzo de 2026

La herencia que se elige: 30 años de folclore canario latiendo en Uruguay.


Hay historias que no se explican con fechas, sino con el sonido de una bandurria y el latido de una memoria compartida. Lo que estás por leer es el testimonio de treinta años de música en Uruguay; un relato que nació de la nostalgia de viejas discotecas y el profundo deseo de volver a formar una rondalla para mantener viva la alegría de los canarios en el Río de la Plata. 

​Pude comprobar personalmente la fuerza de este vínculo en mi visita a Uruguay en 2022. Allí fui testigo de cómo la identidad es un puente que se construye con amor, uniendo a quienes llevan a las Islas en la sangre con aquellos que las llevan en el alma. En estas páginas conocerás a personas que, sin haber heredado recuerdos familiares, hoy dominan cada acorde como si fuera propio, demostrando que las tradiciones pueden sembrar raíces en tierras nuevas sin perder su esencia. 

​Desde los ensayos en Montevideo hasta el "broche de oro" que supuso tocar y grabar en la propia cuna del folclore en el archipiélago, este texto es un homenaje a las vivencias compartidas ya los compañeros que, aunque hoy dejan una silla vacía, permanecen en cada nota. Te invitamos a recorrer este tesoro invaluable de encuentros y canciones que, tras tres décadas, siguen vibrando con la misma pasión del primer día.

 

 

Treinta años, y una pausa, antes de seguir cantando . Por Miguel Carvidon.

Hay fotos que no se olvidan, hay recuerdos que resuenen en las memorias de otras rondallas de otros tiempos en el Uruguay.

Gracias a los discos, casette, se escuchaban Isas, Folias y Malagueñas, como también serenatas en los fines de año, que traen alegría a los Canarios.

Pero fue una tarde cuando nació la necesidad de formar una vez más una rondalla.

Se tocó en puertas, se habló con muchas personas y por diferentes motivos fueron pocos los que aceptaron.

Los integrantes de mayor edad, con experiencia previa en el folclor canario, compartieron generosamente los conocimientos con quienes se acercaron por primera vez a esta tradición.

Gracias a su amor, paciencia y dedicación, personas sin vínculo previo con las Islas, aprendieron no sólo las canciones y los ritmos sino también el espíritu y los sentimientos con el que debían interpretarse.

Esas personas que no son Canarias ni hijos de canarios, no heredaron recuerdos familiares, ni crecieron escuchando canciones canarias en su hogar, y sin embargo, están aquí desde el principio.

Hoy, después de más de treinta años, sus manos conocen cada acorde, y sus voces saben dónde respira cada melodía.

 

Han sostenido guitarras y bandurrias de mucha fidelidad.

No llevan Canarias en la sangre, pero la llevan en el alma. Y eso, lejos de ser menos, es un mérito aún mayor, porque lo heredado se recibe, lo elegido se construye.

Gracias a ellos, entendimos que la identidad no depende del lugar donde se nace, sino del amor con el que se cuidad lo que otros trajeron antes.

Son la prueba viva de que las tradiciones, pueden sembrar raíces en tierras nuevas sin perder su esencia.

Ellos no vinieron de las Islas, pero las Islas vinieron a quedarse en ellos.

 

También los hijos e hijas de Canarios, trajeron consigo una herencia invisible de recuerdos trasmitidos en cada palabra, que no se olvidan, gestos y melodías que forman parte de la infancia, teniendo también la suerte de algunos, de disfrutar junto a sus padres ensayos, actuaciones y viajes a las Islas.

Donde la herencia cultural se transmite de generación en generación con miradas cómplices, como si la música fuera un idioma familiar que no necesita explicación.

También mencionar que hay personas que son parte de la rondalla, que no tocan ningún instrumento, pero que durante años están allí, escuchando cada ensayo, aplaudiendo cada canción, celebrando cada pequeño logro como si fuera propio.

Su presencia es tranquila, constante, pero profundamente necesaria.

Y no debemos olvidarnos tampoco de Don Rocha, una persona que nos acompañó en muchísimos ensayos. Hoy, su silla esta vacía, pero su apoyo y su presencia permanecerán en nuestra memoria y en nuestro corazón por siempre.

Cabe aclarar, que no son solo 30 años de música en Uruguay y sus departamentos, también nuestro folclor nos llevó a tocar en Argentina, Venezuela, y como broche de oro, en la propia cuna de nuestro folclor como lo son las Islas Canarias. Allí pudimos no solamente tocar, sino también dejar plasmada nuestra propia voz y nuestra

propia música, grabándola en un CD, con un tema propio del grupo, dónde también cabe destacar, que ello fue posible, gracias a la colaboración de muchas personas que confiaron en nosotros, para hacer que hoy nuestra historia y nuestra música, fuera testimonio de que también es posible echar raíces en el archipiélago Canario.

Vivir también una de las mayores experiencias musicales del grupo teniendo una parranda con los Gofiones.


Siguiendo los recuerdos del grupo, como olvidarse de quién fue para algunos de nosotros, nuestro maestro Totoyo Millares, quién nos dejó un legado musical y momentos maravillosos difíciles de olvidar.


Compartir momentos con otros grupos como Los Cebolleros y Los Cabuqueros donde entrelazamos vínculos de amistad.

 



También pasando por una nueva experiencia tocando en un teatro con algunos integrantes de la murga La guardia Vieja de la Falta, donde nosotros les enseñamos canciones canarias y ellos a nosotros canciones de murga, dejando asentado así, que Canarios y Uruguayos compartimos como hace muchos años nuestra tierra y nuestras tradiciones, enriqueciéndonos mutuamente.

También agradecer a Rafael Cuadrado por su compromiso y amor al folclor Canario ya la rondalla, quien a pesar de estar en un departamento muy lejos de Montevideo, siempre hace un tiempo de pausa en su vida para ser parte de nosotros, y estar presente apoyándonos incondicionalmente estemos donde estemos, con su timple y su voz, enriqueciendo así aún más la rondalla,

Que decir de nuestros Canarios mayores en la rondalla, cantan con el corazón, con la nostalgia de la tierra, cantan sus recuerdos y el sentimiento de sus seres queridos, de los que están y de los que ya no están, por eso ellos no sólo cantan, reviven y transmiten con sus vos todo su sentir.

Es por todo esto y mucho más…que hoy debemos festejar y dar gracias por todo lo vivido, lo transitado y lo aprendido, que por siempre es y será, un tesoro invaluable que llevaremos cada uno de nosotros siempre en nuestro corazón.