La llegada de El Baifo , el nuevo disco de Quevedo, ha venido acompañado de campañas de promoción, actos multitudinarios y una narrativa que intenta presentar el proyecto como símbolo de orgullo colectivo. Pero conviene recordar algo básico: llevar gente a los actos no es sinónimo de hacer las cosas bien. La capacidad de convocatoria puede medir popularidad o impacto mediático, pero nunca sustituye la calidad artística, la coherencia ni el respeto por los valores que se dicen defensores.
Y precisamente ahí aparece una contradicción difícil de ignorar. Mientras muchos estamentos públicos llenan discursos y campañas institucionales a favor de la igualdad, el respeto y la dignidad de la mujer, al mismo tiempo se respalda, promociona o normaliza a artistas cuyas letras han cosificado, degradado o tratado la figura femenina como objeto. Muy coherente todo.
No se puede hablar de igualdad en las pancartas y mirar hacia otro lado cuando el mensaje viene envuelto en éxito comercial. No se puede condenar ciertas actitudes según quién las diga y aplaudirlas cuando generan titulares, reproducciones o rédito político. Si los principios dependen de la fama del emisor, entonces no son principios: son posturao institucional.
Pero además de esa incoherencia, hay otro debate de fondo: el de la identidad canaria utilizada como reclamo.
Porque ser canario no es una estética. No es una etiqueta que se saca cuando conviene ni un decorado que se coloca para conectarse con el público. Ser canario es mucho más profundo. Es sentir la tierra, comprender la historia, respetar el paisaje, defender las costumbres, valorar nuestra forma de hablar y reconocer el esfuerzo de generaciones enteras que levantaron estas islas.
La canariedad no consiste en nombrar Canarias en una canción. La canariedad consiste en vivir Canarias con orgullo, con conocimiento y con responsabilidad.
Por eso sorprende que algunos quieran presentarse como referentes absolutos de lo nuestro simplemente por introducir referencias isleñas en sus proyectos. En municipios como Gáldar, sin ir más lejos, ha habido y hay personas que han dedicado canciones al pueblo, a sus barrios, a sus paisajes ya su gente con mucha más sensibilidad, mejores letras y una conexión mucho más honesta con la tierra que muchas propuestas elevadas por la industria.
Porque hay una diferencia enorme entre crear desde la raíz y utilizar la raíz como estrategia de mercado.
Como galdense, como amante de mi tierra y como defensor de todo lo que representa Gáldar, me entristece, me avergüenza y me duele ver cómo se utiliza el nombre de mi municipio para una canción vacía de contenido, cargada de mensajes cuestionables y con tan escasos puntos literarios. Y todo porque se nombra a Gáldar de forma casi efímera, como si bastara una mención rápida para pretender rendir homenaje o generar identificación.
No. Gáldar merece mucho más que eso.
Gáldar no es una palabra que se coloca en una letra para buscar aplausos fáciles. Es historia viva de Canarias, raíz, patrimonio e identidad. Nombrarlo exige respeto y profundidad.
No por vivir en Gáldar se tiene derecho a nombrarlo de cualquier forma. Residir en un lugar sin licencia para usar su nombre sin sensibilidad ni responsabilidad.
Y aquí entra el símil inevitable de la canción que estamos comentando. Cuando se dice “me tiene perdido el norte como Gáldar”, el propio verso ya refleja una confusión de base. Porque Gáldar no tiene perdido el norte: Gáldar es el norte. Quien parece perdido es quien confunde una referencia geográfica con una idea poética sin sentido.
Y además, en Canarias sabemos bien lo que significa la expresión: a alguno se le va el baifo . Se dice cuando alguien se embala, se pasa de vueltas o pierde el rumbo creyéndose más de lo que realmente es. Y viendo ciertas letras, ciertos discursos y ciertas formas de utilizar nuestra tierra como decorada, da la sensación de que a alguno se le va el baifo y, encima, ha perdido el norte como en la propia canción de la que hablamos.
No por sonar en todas partes se representa mejor a un pueblo. No por reunir multitudes se tiene más verdad. No por repetir símbolos se encarna una identidad. Y no por vender millones desaparecen las contradicciones.
Canarias necesita algo más que escaparates puntuales. Necesita respeto constante. Necesita voces que también hablen cuando se destruye el territorio, cuando se abandona el campo, cuando se precariza a la juventud, cuando se menosprecia la cultura local o cuando se banaliza la igualdad según convenga.
Y también necesita mirar hacia dentro y valorar a tantos creadores de Gáldar, Agaete, Guía y tantos rincones de las islas que llevan años haciendo música sincera, con letras trabajadas y amor verdadero por esta tierra, aunque no tengan millones de reproducciones.
Ser canario no es una pose. No es una campaña. No es una moda.
Es memoria, identidad y compromiso.
Y cuando se confunde todo eso con marketing, cuando se aplaude cualquier cosa por interés y cuando se predica una cosa mientras se practica la contraria, a alguno claramente se le va el baifo… y pierde el norte.

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