domingo, 26 de julio de 2026

Canarias despide a Manolo Acosta, el sastre que vistió la identidad nuestro archipiélago.


La cultura popular canaria despide a los 91 años con profundo pesar a
Manolo Acosta, maestro sastre, investigador y uno de los grandes referentes de la indumentaria tradicional del Archipiélago. Con su fallecimiento desaparece una figura irrepetible, un hombre que hizo de la aguja, el hilo y el conocimiento histórico una herramienta para preservar una parte esencial del patrimonio etnográfico de Canarias.

Natural de Tenerife nació el 31de enero de 1935, Manolo Acosta dedicó toda una vida al estudio, recuperación y confección de la vestimenta tradicional canaria. Aprendió el oficio con una mujer en Güímar procedente de Lanzarote Elena Chacón. Desde su taller salieron millas de prendas que vistieron a agrupaciones folclóricas, cuerpos de baile, instituciones y amantes de las tradiciones, siempre con un profundo respeto por el rigor histórico y la autenticidad de cada pieza.

Su pasión por el folclore no se limitó al oficio de sastre. Durante su juventud formó parte de Los Sabandeños como tenor primero  , una experiencia que reforzó su compromiso con la música y la cultura tradicional canaria y que marcaría el camino de una vida dedicada al servicio del patrimonio cultural. Años después, volvería a mantener una estrecha vinculación con la emblemática formación confeccionando buena parte de la indumentaria que contribuyó a definir su imagen durante décadas.

Con el paso de los años se convirtió en una autoridad en materia de indumentaria tradicional. Fruto de esa labor investigadora publicó diversos libros especializados sobre la vestimenta tradicional canaria, obras que hoy constituyen una referencia imprescindible para investigadores, artesanos, agrupaciones y estudiosos de la cultura popular.

Su vocación divulgadora encontró también un espacio privilegiado en internet a través de su conocido blog, "El Sastre de Tenerife" , donde compartió durante años investigaciones, fotografías, documentos y artículos sobre la evolución de la indumentaria tradicional de Canarias. Aquel espacio se convirtió en una auténtica biblioteca digital, consultada por folcloristas, estudiantes y amantes de nuestras tradiciones, contribuyendo de manera decisiva a difundir un conocimiento que siempre entendió como un patrimonio colectivo.

Su trabajo alcanzó una enorme proyección gracias a su vinculación con Parranda Canaria , el programa emblemático de Televisión Canaria. Durante años fue el responsable del vestuario de muchos de los artistas, presentadores e invitados que pasaban por el plato, acercando al gran público la riqueza, la elegancia y el rigor de la indumentaria tradicional. Cada emisión llevaba también el sello de un profesional que entendía que vestir correctamente el folclore era otra forma de respetar la historia de Canarias.

Su asesoramiento fue reclamado por agrupaciones, colectivos e instituciones de todo el Archipiélago. Siempre estuvo dispuesto a compartir su experiencia, convencido de que el patrimonio solo se conserva cuando se transmite con rigor y generosidad.


En lo personal, tuve la oportunidad de coincidir con Manolo Acosta durante una grabación del programa Parranda Canaria . Guardo un especial recuerdo de una de sus intervenciones, en la que ofreció una brillante exposición sobre el mozo y la moza , denominación con la que hacía referencia a las personas que lucían las distintas vestimentas tradicionales que habían desfilado por el programa a lo largo de los años. Con la sencillez de los grandes maestros fue explicando el origen, las características y la evolución de cada indumentaria, demostrando un conocimiento extraordinario y una admirable capacidad para transmitirlo. Aquella intervención fue mucho más que una explicación sobre trajes tradicionales; Fue una auténtica lección de historia, identidad y respeto por nuestras raíces.



Conservo, además, uno de los libros de su autoría dedicado a la indumentaria tradicional canaria, un ejemplar que tuvo la generosidad de regalarme y dedicarme con su firma. Hoy ese libro adquiere un valor aún más especial. Más que una publicación, representa el recuerdo de un hombre que dedicó su vida a investigar, preservar y divulgar una parte fundamental de nuestra identidad. Será siempre un tesoro de mi biblioteca y un testimonio del inmenso legado que deja a la cultura popular de Canarias.

Con su marcha, Canarias pierde uno de sus grandes custodios de la tradición. Sin embargo, su legado permanecerá vivo en sus libros, en los artículos de su blog, en los trajes que confeccionó, en las enseñanzas que compartieron y en cada romería, festival o encuentro folclórico donde la indumentaria tradicional continúa ocupando el lugar que él siempre defendió.

Porque hay personas que confeccionan ropa y otras que ayudan a coser la memoria de un pueblo. Manolo Acosta fue una de ellas.

Descanse en paz.

lunes, 20 de julio de 2026

La Romería Ofrenda de Santiago, la gran asignatura pendiente de Gáldar.

Mientras el éxito sigue midiéndose por la multitud, la Romería Ofrenda de Santiago se enfrenta a un reto mucho mayor: preservar la esencia, la autenticidad y el valor patrimonial que la han convertido en una de las manifestaciones culturales más importantes de Canarias.

Después de dejar reposar mis sentimientos de frustración y de observar con serenidad lo vivido durante la Romería Ofrenda de Santiago, creo que ha llegado el momento de compartir una reflexión que nace desde el respeto, el cariño y la preocupación por una de las manifestaciones culturales más importantes de nuestras fiestas.

Hace algunos años ya advertía en otro artículo de un riesgo que, por desgracia, continúa estando presente: que la Romería Ofrenda terminara convirtiéndose en una exposición de mesas, donde en demasiadas ocasiones parece importar más el tenderete, la puesta en escena o el impacto visual que el verdadero significado de la propia romería. No era una crítica a quienes participantes, sino una llamada de atención sobre el rumbo que podía tomar un acto con un enorme valor patrimonial. Hoy, esa reflexión sigue plenamente vigente.

Durante años se ha hablado de la necesidad de que la Romería Ofrenda evolucionara. Pero evolucionar no significa hacerla más grande, sino hacerla mejor; no significa sumar más personas, sino fortalecer aquello que la convierte en un símbolo de nuestra identidad.

No hay más que fijarse en el titular que, año tras año, suele protagonizar la jornada siguiente: «Multitudinaria Romería Ofrenda a Santiago en Gáldar» . Sin duda, la elevada participación es motivo de satisfacción y demuestra el arraigo que mantiene esta celebración. Sin embargo, cuando el mensaje principal vuelve a ser únicamente el número de asistentes, cabe preguntarse si la romería tiene algo más que contar y si estamos poniendo en valor aquello que realmente la hace diferente.

Y es que pocas romerías ofrenda pueden presumir de la historia y del arraigo popular que posee la de Santiago Apóstol de Gáldar. Sin temor a equivocarnos, puede considerarse una de las grandes romerías tradicionales de Canarias y, para muchos, solo la Romería Ofrenda de Nuestra Señora del Pino, en Teror, la supera en dimensión histórica, simbólica y devocional en Gran Canaria. Precisamente por ello, la Romería Ofrenda de Santiago merece ser entendida, antes que nada, como una manifestación patrimonial.

Y ahí quizás resida el error principal. Hemos terminado organizando y valorando la Romería Ofrenda como si fuera un gran evento festivo, cuando en realidad es patrimonio cultural. Los eventos buscan atraer público y generar impacto. El patrimonio, en cambio, tiene otra misión: conservar, transmitir y emocionar. Ambas cosas pueden convivir, pero cuando el espectáculo termina imponiéndose al patrimonio, la esencia comienza a diluirse.

La propia nota institucional afirmaba que «un año más, los romeros han cumplido con la tradición acudiendo perfectamente ataviados con los trajes típicos tradicionales de diferentes localidades canarias». Es justo reconocer que, en los últimos años, la calidad y el rigor de muchas vestimentas han mejorado de forma evidente. Existen grupos folclóricos, colectivos y particulares que realizan un extraordinario trabajo de investigación y recuperación de la indumentaria tradicional. Basta detenerse a contemplar muchas de esas vestimentas para comprobar el enorme esfuerzo, conocimiento y respeto por nuestras raíces.

Pero esa realidad convive con otra menos talentosa. Siguen viéndose atuendos que poco o nada tienen que ver con la vestimenta tradicional canaria y que continúan desvirtuando el sentido de una romería que debería ser también una gran muestra del patrimonio etnográfico de nuestras islas. No se trata de excluir a nadie ni de convertir la romería en un desfile elitista. Se trata de entender que conservar una tradición también implica conocerla, respetarla y transmitirla.

La reflexión tampoco puede quedarse únicamente en la indumentaria. También debemos preguntarnos si el protagonismo que han ido adquiriendo las mesas y los montajes de algunos grupos responden realmente al espíritu de una Romería Ofrenda. En demasiadas ocasiones parece que el objetivo es sorprender, llamar la atención o convertirse en el centro de todas las miradas, relegando a un segundo plano aquello que da sentido al acto: la ofrenda, las carretas, la convivencia, la solidaridad y el profundo simbolismo de una manifestación que nació para agradecer y compartir.

La música merece igualmente una reflexión. En un día que pretende poner en valor la identidad y las tradiciones de Canarias resulta difícil entender que, en distintos momentos de la jornada, terminarán convirtiéndose en protagonistas de canciones como La Morocha , Noches de Bohemia o Despacito . No se trata de cuestionar esos temas, que pueden tener cabida en cualquier otra celebración, sino de preguntarnos si tienen sentido precisamente en una Romería Ofrenda.

Del mismo modo, cuesta comprender que, tras la taifa, el protagonismo recaiga en un DJ. Si existe un día en el calendario donde la música tradicional debería ocupar todo el espacio, es precisamente este. La Romería Ofrenda debería ser el gran escaparate de nuestros grupos folclóricos, de nuestras parrandas y de nuestros músicos populares, permitiendo que la música de raíz acompañe la celebración hasta el final.

Y tampoco conviene olvidar que una taifa no puede construirse únicamente sobre un repertorio de pachanga. A ella acuden muchas personas que saben bailar y que esperan encontrar isas, folías, malagueñas, polcas, seguidillas, sorondongos y otras piezas que forman parte del patrimonio musical de Canarias. El repertorio también educa, también transmite y también preserva. Mantener ese equilibrio entre las canciones más populares y la música tradicional es otra forma de proteger nuestra identidad.

Quizás el verdadero reto de la Romería Ofrenda no sea seguir creciendo en participación, sino crecer en autenticidad. Porque cuando el único titular vuelve a ser que ha sido multitudinaria, existe el riesgo de invisibilizar todo aquello que realmente la engrandece: su historia, el simbolismo de la ofrenda, la música tradicional, las carretas, la solidaridad que representan los alimentos donados, la indumentaria y el inmenso legado cultural que generación tras generación ha llegado hasta nosotros.

Es muy difícil ponerle el cascabel al gato, especialmente cuando no somos capaces de mirarnos con objetividad. Pero precisamente por el cariño que sentimos hacia esta romería debemos ser capaces de abrir un debate sincero, sin miedo a tomar decisiones que contribuyan a proteger su esencia. Mirar hacia otro lado también es una forma de decidir, aunque el tiempo termine pasándonos la factura.

Porque, nos guste o no, llegará un momento en que habrá que tomar decisiones. No para limitar una tradición, sino para garantizar su futuro. Lo que hoy parece una simple concesión, mañana puede convertirse en una costumbre y, pasado mañana, en una tradición inventada que termine sustituyendo a la auténtica.

Si seguimos aplazando esa reflexión, corremos el riesgo de que dentro de unos años solo podamos hablar de aquella gran Romería Ofrenda que tuvimos. Y digo "tuvimos" porque el patrimonio que se pierde rara vez vuelve a recuperarse en toda su autenticidad. Las tradiciones no desaparecen de un día para otro; se van diluyendo poco a poco, hasta que un día descubrimos que aquello que las hacía únicas ya no existe.

Y ojalá nunca tengamos que hacer con la Romería Ofrenda lo mismo que se hizo con el Faro de Sardina: levantar una réplica para recordar lo que un día fue. Sería la constatación de que no fuimos capaces de conservar vivo uno de los mayores símbolos de nuestra identidad.

Porque el patrimonio no se protege construyendo recuerdos de lo perdido, sino evitando que se pierda. La mejor forma de honrar la historia de la Romería Ofrenda de Santiago es garantizar que las generaciones futuras puedan vivirla con la misma autenticidad con la que la heredamos.

Las romerías no nacieron para exhibir mesas, ni para batir registros de asistencia. Nacieron como una expresión de fe, de identidad, de agradecimiento y de comunidad, donde un pueblo ofrecía al santo lo mejor de sí mismo. Todo lo demás debe ser complementario, nunca el protagonista. Porque cuando el continente termina imponiéndose al contenido, la tradición deja de transmitirse para convertirse únicamente en un espectáculo.

Todavía estamos a tiempo. Pero el tiempo, por sí solo, no conservará nuestras tradiciones. Eso solo lo conseguirá una sociedad que sea capaz de reconocer el valor de su legado y de actuar antes de que sea demasiado tarde.

Quizás la gran asignatura pendiente de Gáldar no sea organizar una romería cada vez más grande, sino ser capaces de conservar la grandeza de la romería que heredamos.

Porque una Romería Ofrenda no será recordada por haber reunido a veinte o treinta mil personas, ni por el tamaño de sus mesas, ni por las canciones que estuvieron de moda un verano. Será recordada por haber sido capaz de transmitir, intacto, el legado que durante generaciones conservaron quienes entendieron que una romería es mucho más que una fiesta. Es memoria, identidad, patrimonio y el reflejo de un pueblo que sabe de dónde viene para no olvidar nunca hacia dónde quiere caminar.

Ese debería ser, y quizás siempre debió ser, el verdadero éxito de la Romería Ofrenda de Santiago.

jueves, 16 de julio de 2026

Agaete despide a su maestro: Rafael García "Felo".


Hoy la música tradicional canaria viste de luto. La Villa de Agaete a pesar de una profunda tristeza a Rafael García García , conocido cariñosamente como " Felo"  , Hijo Predilecto de la Villa de Agaete , maestro de músicos, incansable defensor del folclore y una de las personas que más contribuyó a mantener viva la identidad cultural del municipio. Con su fallecimiento desaparece una figura irrepetible, pero permanece un legado que seguirá resonando en cada timple, cada guitarra y en el corazón de quienes tuvieron el privilegio de aprender a su lado.

Durante décadas, Felo dedicó su vida a la enseñanza de la música, formando con paciencia, humildad y generosidad a varias generaciones de agaetenses en el aprendizaje de los instrumentos de cuerda, especialmente la guitarra, el timple y el laúd. Para él, enseñar no era solo transmitir conocimientos, sino despertar vocaciones, inculcar el amor por las tradiciones y sembrar el orgullo por la música popular de Canarias.

Su compromiso con el folclore era constante. Impulsó y dirigió diferentes parrandas y agrupaciones, entre ellas la Agrupación Aguadulce , y formó parte de Los Muchachos , un conjunto integrado por músicos e intérpretes de Agaete que destacó por la calidad de su repertorio de música tradicional canaria e hispanoamericana.



Fue también profesora de las Escuelas Artísticas Municipales Lucy Cabrera , donde dejó una huella imborrable entre alumnos y compañeros. El actual director del centro, Antonio García Auyanet , ha reconocido en distintas ocasiones que fue Felo quien despertó en su juventud la pasión por la música que más tarde lo llevaría a convertirse en músico profesional. Del mismo modo, el reconocido timplista Yone Rodríguez siempre ha señalado a Felo como un ejemplo de entrega, esfuerzo y excelencia en la enseñanza musical.

Su vinculación con la música comenzó desde muy joven, siendo uno de los primeros integrantes de la Banda Guayedra , fundada en 1978. Desde entonces dedicó su vida a preservar, enseñar y difundir el patrimonio musical de Agaete y de Canarias, convirtiéndose en una referencia imprescindible para varias generaciones de músicos y amantes del folclore.

Su extraordinaria trayectoria fue reconocida en numerosas ocasiones. En 2015, la Parranda El Valle le rindió un emotivo homenaje por toda una vida dedicada a la música tradicional. En 2019 fueron Los Muchachos quienes quisieron agradecer públicamente su valiosa aportación al grupo y, en 2023, el Ayuntamiento de Agaete le brindó un merecido reconocimiento durante la Gala de la Cultura celebrada con motivo de las fiestas en honor a Nuestra Señora de Las Nieves.

Todos estos reconocimientos culminaron con el mayor honor que puede recibir un vecino de su pueblo: el nombramiento como Hijo Predilecto de la Villa de Agaete , una distinción que simboliza el inmenso cariño, la admiración y el agradecimiento de todo un municipio hacia quien dedicó su vida a engrandecer la cultura y la música tradicional canaria.

Pocas personas pueden decir que han cambiado la vida de tantas generaciones. Felo lo hizo desde la sencillez, sin buscar nunca el protagonismo, convencido de que la música era mucho más que un arte: era una forma de unir a las personas, de transmitir valores y de preservar la memoria colectiva de un pueblo. Gracias a él, decenas de niños y jóvenes descubrieron una vocación que terminó convirtiéndose en parte de sus vidas. Ese será, sin duda, el legado que permanecerá para siempre en Agaete.

Hoy guardan silencio muchas guitarras y timples, pero solo por un instante. Muy pronto volverán a sonar en romerías, parrandas, festivales y encuentros folclóricos, recordando a quien dedicó toda una vida a enseñar, compartir y amar la música. Porque mientras existe alguien interpretando una isa, una folía o una malagueña gracias a lo que aprendió de él, Rafael García «Felo» seguirá presente entre nosotros.

Agaete no solo a pesar de un extraordinario músico y maestro. A pesar de un hombre humilde, cercano y generoso, que entendió la cultura como un legado que debía compartirse. Su recuerdo permanecerá vivo en cada ensayo, en cada escenario y en cada canción que continúa manteniendo viva la esencia de la música tradicional canaria.

El Ayuntamiento de Agaete ha expresado, en nombre de toda la Villa, su más profundo pesar por el fallecimiento de Rafael García "Felo", trasladando sus más sinceras condolencias a su familia, amigos y seres queridos, acompañándolos con el cariño de un pueblo que hoy pierde a uno de sus hijos más ilustres.


Descansa en paz, Felo. Tu música no se apaga. Vivirá para siempre en las manos de quienes aprendieron contigo, en las voces de las parrandas, en el sonido de cada timple y cada guitarra y en el recuerdo agradecido de un pueblo que jamás olvidará a su maestro. Porque los maestros nunca mueren mientras su legado sigue vivo en quienes tuvieron la fortuna de aprender de ellos.

martes, 14 de julio de 2026

ENTRE AMIGOS: cuando un premio vale tanto como quien lo concede.

Los Honores y Distinciones de Entre Amigos no solo reconocen trayectorias culturales; Ponen en valor 42 años de compromiso con el folclore, la inclusión, la convivencia y la identidad canaria. Un reconocimiento que adquiere una dimensión especial cuando quien lo concede es una agrupación que forma parte de la historia reciente de nuestra cultura popular.

 


Hay premios que distinguen a quienes los reciben. Y hay premios cuyo verdadero valor reside en la autoridad moral de quien los concede. Los Honores y Distinciones de la Asociación Cultural y Agrupación Folclórica Entre Amigos pertenecen, sin duda, a esa segunda categoría.

El próximo viernes 31 de julio, Telde volverá a convertirse en el epicentro de la cultura tradicional canaria con una nueva edición de estos galardones, convertidos con el paso de los años en uno de los reconocimientos más valorados dentro del ámbito cultural del Archipiélago.

Cuando el reconocimiento llega de la mano del colectivo de Jinamar adquiere un significado especial. No hablamos de una agrupación cualquiera. Hablamos de un colectivo que, tras 42 años de historia, ha escrito con letras mayúsculas una de las páginas más brillantes del folclore canario.

 

Nada de ello habría sido posible sin la visión y el compromiso de quienes, hace más de cuatro décadas, entendieron que el folclore podía ser mucho más que un escenario. Entre esas personas sobresale, a mi juicio, Jesús Santana, auténtico buque insignia de la agrupación y una figura fundamental para entender la trayectoria de la mencionada agrupación folclórica.

 

Su compromiso no se limitó únicamente al crecimiento de la propia agrupación, sino que también tuvo una importante dimensión colectiva al asumir durante años responsabilidades al frente de la Federación de Agrupaciones Folclóricas de Gran Canaria. Desde mi perspectiva, aquella etapa contribuyó a que el folclore alcanzara una mayor visibilidad y reconocimiento en toda la isla, impulsando la presencia de los grupos y favoreciendo que las distintas agrupaciones tuvieran más espacios para compartir su trabajo.

Pero quizás lo más importante fue algo que iba más allá de la parte artística. Se generó un sentimiento de convivencia, cercanía y amistad entre colectivos procedentes de diferentes puntos de Gran Canaria. Porque el folclore no solo se interpreta sobre un escenario; También crea vínculos, un pueblos y permite que personas con historias diferentes encuentren un espacio común en torno a una misma identidad.

Por eso, hablar de la AF Entre Amigos es hablar de una agrupación, pero también de las personas que han hecho posible que ese proyecto tenga alma. Personas que entendieron que conservar nuestras tradiciones no consistían únicamente en mantener vivas unas canciones o unos bailes, sino en construir comunidad alrededor de ellas.

Sin embargo, creo que existe un aspecto que no siempre recibe el reconocimiento que merece. Más allá de los escenarios, de los aplausos y de los viajes, la agrupación teldense ha desarrollado una de las labores sociales más extraordinarias que ha protagonizado una agrupación folclórica en Canarias.

Su historia está ligada al Polígono de Jinámar, un barrio que durante décadas ha convivido con importantes desafíos sociales. Pero precisamente allí, donde muchos veían dificultades, este colectivo encontró oportunidades. Hizo del folclore una herramienta de inclusión, convivencia y esperanza.

Miles de niños y jóvenes han encontrado en la agrupación un espacio donde aprender música, danza, disciplina y valores, descubriendo al mismo tiempo el orgullo de pertenecer a una tierra con una identidad cultural única. Ese es, probablemente, uno de los mayores logros del colectivo: haber conseguido que la cultura se convierta en una herramienta de transformación social.

 

Ese legado trasciende los escenarios. Forma parte de la memoria colectiva de Jinámar y de Telde. No es casualidad que una de las rotondas del barrio luzca una escultura dedicada a la agrupación.

 

Pocas entidades pueden presumir de recibir el homenaje permanente del lugar que las vio nacer. Ese monumento representa mucho más que una obra artística: simboliza el agradecimiento de un pueblo hacia quienes durante cuarenta y dos años han sembrado cultura, identidad, valores y oportunidades.

 

Confieso que, hasta hace apenas unos días, yo mismo desconocía la verdadera dimensión de ese trabajo. El pasado 4 de julio tuve el honor de presentarles por primera vez. Cuando recibí el currículo de la agrupación para preparar la presentación quedó sinceramente sorprendido.

Conocía su brillante trayectoria artística, pero no imaginaba el alcance de su compromiso social. Descubrir hasta qué punto habían hecho de la inclusión uno de sus pilares me impresionó profundamente. Tanto fue así que, llegado el momento de subir al escenario, apenas necesité mirar los papeles. Las palabras surgieron solas, porque comprendí que no estaba presentando únicamente a un grupo folclórico, sino a una institución que ha cambiado la vida de muchas personas.

La edición de este año volverá a distinguir a hombres, mujeres y colectivos procedentes del folclore, la investigación, la música, la enseñanza, el deporte y la acción social. Una nómina que confirma el rigor con el que esta asociación cultural concede estas distinciones y el valor que han alcanzado.

 

Algunos de esos nombres tienen para mí un significado especial.

 

Es el caso de José Pedro Suárez del Pino y  Lidia Esther Sánchez González, dos referentes indiscutibles del ámbito cultural y de las tradiciones populares de Canarias. Han hecho de un sueño el Proyecto de Desarrollo Comunitario de La Aldea, convertido hoy en una de las iniciativas socioculturales más ambiciosas de Gran Canaria y en un referente para todo el Archipiélago.

 

Tuve la oportunidad de coincidir con ambos en 2016, durante las Jornadas de Folclore de la Escuela Municipal de Folclore de Arona. Escuchar su ponencia me hizo comprender que aquel proyecto iba mucho más allá de recuperar costumbres.

 

Era una auténtica lección sobre cómo la cultura puede fortalecer una comunidad, generar participación y mejorar la vida de las personas. Aquel día comprendí que el folclore también puede ser una poderosa herramienta de transformación social.

Especial significado tiene también el reconocimiento a María del Pino Rodríguez Mendoza. La vida demuestra que las personas evolucionan y que el diálogo siempre encuentra un punto de encuentro.

Nuestra relación no comenzó de la mejor manera, pero con el paso de los años ambos hemos aprendido a conocernos y, sobre todo, a respetarnos. Hoy compartimos muchas inquietudes y una manera muy parecida de entender la cultura y el compromiso con nuestras tradiciones.

Probablemente yo haya ganado algo de madurez y ella contemple muchas cosas desde la experiencia acumulada, pero precisamente esa evolución ha fortalecido una amistad cimentada en valores que considera imprescindibles: el respeto mutuo, la admiración y la sinceridad. Por eso me alegra especialmente verla entre las personas reconocidas este año.

Podría detenerme en muchos otros nombres, porque detrás de cada uno existe una historia de esfuerzo, compromiso y amor por Canarias. Esa es precisamente la grandeza de estos premios: no distinguen únicamente trayectorias brillantes, sino vidas dedicadas a preservar aquello que somos.

Hay quienes piensan que el folclore es solamente mirar al pasado. Yo siempre he defendido que hay que saber de dónde venimos. Hay que resaltar que el folclore no habla únicamente de lo que fuimos; habla, de lo que seguimos siendo y hacia dónde queremos ir.

Es la memoria de un pueblo hecho música, baile, vestimenta, gastronomía, costumbres y tradiciones. Es la forma más sencilla de explicar a nuestros hijos de dónde vienen para que puedan decidir hacia dónde quieren caminar. Por eso, apoyar el folclore no es un ejercicio de nostalgia; es una inversión en identidad, en educación y en futuro.

Con demasiada frecuencia asociamos el éxito al reconocimiento público. Sin embargo, la verdadera grandeza de colectivos como Entre Amigos nunca ha estado en los aplausos ni en los escenarios, sino en el servicio.

Servicio a la cultura, a la educación, al barrio, a las familias y, en definitiva, a Canarias. Esa vocación de servir explica, mejor que cualquier currículo, por qué hoy su nombre despierta tanto respeto.

Tampoco olvidaremos a quienes rara vez aparecen en las fotografías. Detrás de cada músico, de cada bailador, de cada director o de cada miembro de una junta directiva existe una familia que comprende los ensayos interminables, los viajes, las reuniones y el tiempo robado al descanso.

Sin ese apoyo silencioso sería imposible mantener vivo un proyecto tan ambicioso como el de la agrupación mencionada durante más de cuatro décadas. Ellos también forman parte de esta historia.

Y también habrá un recuerdo inevitable para quienes iniciaron este camino y hoy ya no pueden compartir esta celebración. Su legado permanece vivo en cada ensayo, en cada actuación y en cada niño o niña que, por primera vez, descubre el orgullo de vestir el traje tradicional canario. Porque las personas pasan, pero los valores que sembraron permanecen.

Vivimos tiempos en los que la inmediata parece imponerse sobre la memoria y en los que el éxito suele medirse por lo efímero. Precisamente por eso resulta reconfortante comprobar que todavía existen colectivos que siguen creyendo en el esfuerzo silencioso, en el compromiso de toda una vida y en el valor de nuestras raíces.

Porque la AF Entre Amugos no solo ha enseñado a cantar, bailar o tocar un instrumento. Ha enseñado a querer un barrio, a respetar unas raíces ya entender que la cultura también puede cambiar vidas.

Las agrupaciones folclóricas no solo conservan la historia de un pueblo; muchas veces también escriben su futuro.

Y eso es precisamente lo que ha hecho este colectivo durante cuarenta y dos años: convertir una tradición en una forma de vida y una agrupación en un sentimiento colectivo.

El próximo 31 de julio habrá dieciocho premios. Pero, al terminar la noche, volverá a quedar claro que el mayor reconocimiento no será el que se entregue desde el escenario, sino el que Entre Amigos ha sabido conquistar durante cuarenta y dos años: el cariño de varias generaciones, el respeto del mundo del folclore y la gratitud de un pueblo que los reconoce como parte de su propia historia. Porque cuando una institución consigue que su mayor patrimonio no sean los premios que entrega, sino el cariño que recibe de la sociedad, significa que ha trascendido el folclore para convertirse en parte de la historia de un pueblo.

martes, 23 de junio de 2026

La fiesta típica canaria de Los Cabuqueros fomenta la convivencia ciudadana en Majadilla.

La Plaza Panchito Reyes, en el barrio galdense de Majadilla, acogió el pasado martes 23 de junio la celebración de la “Fiesta Típica Canaria: Encuentro Vecinal 2026”, una jornada dedicada a la música, el baile tradicional y las costumbres del Archipiélago con motivo de la festividad de San Juan Bautista.

El encuentro reunió a vecinos, vecinas y público general en una velada marcada por la cultura popular canaria, la convivencia y el espíritu de participación ciudadana, convirtiendo este espacio del barrio en un punto de encuentro para disfrutar de las tradiciones y del trabajo desarrollado por los colectivos culturales y asociativos.




La programación contó con la destacada participación del G.F. Los Cebolleros de Gáldar, agrupación con casi cincuenta y cinco años de trayectoria, que ofreció una actuación cargada de identidad canaria en la que interpretó un total de 20 temas a lo largo de casi hora y media de actuación. Su repertorio incluyó diferentes géneros representativos de la música tradicional de las Islas, como folías, isas, malagueñas, siote, seguidillas, polcas, pasodobles y canciones de autor de raíz folclórica, ofreciendo al público una amplia muestra del patrimonio musical canario.


La jornada continuó con las actuaciones de baile de la A.F. Los Cabuqueros de Arucas, entidad organizadora del encuentro, y de la A.F. Mannatial del Real de Las Palmas, que llenaron la plaza de tradición, ritmo y expresión cultural a través del baile canario.



Como cierre del acto tuvo lugar un brindis de fraternidad entre participantes y asistentes, donde se compartió el tradicional “cochafisco” acompañado de vino, en un ambiente de hermandad que puso el broche final a una celebración pensada para fortalecer los vínculos vecinales.

La iniciativa alcanzó así su tercera edición consecutiva, consolidándose como una cita para la promoción de la cultura popular y el movimiento asociativo. El encuentro estuvo organizado por la A.F.B. Los Cabuqueros de Arucas, con la colaboración logística de la A.V. “El Bermejal” de Marmolejo y el apoyo del Ayuntamiento de Gáldar, el proyecto “La Cultura en tu Barrio” y la asociación Chácaras entre tambores.



El evento contó además con el patrocinio de la Consejería de Presidencia y Movilidad Sostenible del Cabildo de Gran Canaria, dentro de la convocatoria dirigida a asociaciones sin ánimo de lucro para el desarrollo de actividades y proyectos destinados a fomentar la promoción del movimiento asociativo y la convivencia ciudadana durante 2026.

Desde la organización se valora muy positivamente la participación del público y la implicación de los colectivos colaboradores, reafirmando el compromiso de seguir impulsando espacios donde la cultura canaria y la convivencia vecinal sean protagonistas.

Galería fotográfica clic aquí

sábado, 20 de junio de 2026

Los Cabuqueros celebrarán un Encuentro de Bailadores en el Casino de Gáldar

La Sociedad de Fomento Instrucción y Recreo “Casino de Gáldar” se prepara para una de las citas más señaladas de su calendario anual. Con motivo de la conmemoración de su 178º aniversario, la histórica entidad acogerá el próximo sábado 28 de junio, a partir de las 20:00 horas, un Encuentro de Bailadores.

Este evento es un acto organizado por la Agrupación Folclórica de Bailes Los Cabuqueros de Arucas, quienes asumen la dirección y coordinación del mismo por segundo año consecutivo. La cita adquiere un cariz muy especial para la agrupación, que llegará a Gáldar tras recibir, el próximo miércoles 24 de junio, la Medalla de Plata de la Ciudad de Arucas, un prestigioso galardón que reconoce su incansable labor en la preservación y difusión de las raíces y tradiciones folclóricas de Gran Canaria.

Un encuentro para disfrutar de la tradición El Encuentro de Bailadores es una invitación a la participación colectiva. Por ello, la organización anima a todos los asistentes a acudir correctamente ataviados con la vestimenta típica o tradicional de Canarias para integrarse plenamente en la danza.

No obstante, el encuentro también está abierto al público general que desee disfrutar como espectador de esta muestra de cultura popular.

La música, que guiará los pasos de los bailadores, correrá a cargo del Grupo Folclórico Los Cebolleros de Gáldar, quienes interpretarán el siguiente programa de temas:

1.Santo Domingo gomero

2.Folías Antiguas de Gáldar

3.Sorondongo de Lanzarote

4.Berlina de Garafia

5.Isa Majorera

6.Malagueñas de GC

7.Seguidillas gomeras

8.Siote

9.Isa del Ringo

10.Folias de Cuadro

11.Sorondongo majorero

12.Polca de GC

13.Pasacatre de TF

14.El Ron

15.Isa de GC

Cabe resaltar, que también participarán la A.F. Manantial y Los Cabuqueros.

Este acto cultural, de entrada libre, es posible gracias a la labor organizativa de Los Cabuqueros de Arucas y cuenta con la colaboración logística del Casino de Gáldar, la Federación de Agrupaciones Folclóricas de Gran Canaria (FAFGC) y los medios de comunicación locales.

Asimismo, la iniciativa cuenta con el patrocinio de la Consejería de Cultura del Cabildo de Gran Canaria. Desde la organización invitan a toda la ciudadanía a disfrutar de una noche de identidad, historia y tradición en el marco incomparable de esta emblemática sociedad galdense.

miércoles, 17 de junio de 2026

La plaza Panchito Reyes en Marmolejo acoge la Fiesta Típica de Los Cabuqueros.

 


El próximo martes 23 de junio de 2026, a las 19:30 horas, la Plaza Panchito Reyes en el barrio galdense de Majadilla se convertirá en el epicentro de la cultura popular canaria al acoger la “Fiesta Típica Canaria: Encuentro Vecinal 2026”. Con motivo de la celebración de la festividad de San Juan Bautista, una tradición de profundo arraigo en todo el archipiélago, este evento fusiona la música, el baile y la identidad local con el objetivo de fomentar la convivencia ciudadana y dinamizar la vida sociocultural del barrio.

La velada contará con la participación de destacadas formaciones, entre las que sobresale el GF Los Cebolleros de Gáldar, agrupación que tras casi cincuenta y cinco años de trayectoria ofrecerá un variado repertorio compuesto por folías, seguidillas, isas, polcas, pasodobles y canciones de autor de raíz folclórica. A esta propuesta musical se sumará el baile tradicional de la AF Los Cabuqueros de Arucas, grupo organizador del encuentro, así como la actuación de baile de la AF Mannatial del Real de Las Palmas. Tras concluir el programa artístico, la organización ha previsto un brindis de fraternidad abierto a todos los asistentes, donde se ofrecerá un "cochafisco" tradicional acompañado de un buen vino, fomentando así el ambiente de hermandad entre los vecinos y el público general.

Este evento, que celebra su tercera edición consecutiva bajo la organización de la AFB Los Cabuqueros de Arucas y cuenta con la colaboración logística de la AV “El Bermejal” de Marmolejo, así como con el apoyo del Ayuntamiento de Gáldar, el proyecto "La Cultura en tu Barrio" y la asociación Chácaras entre tambores, resulta fundamental para la promoción del movimiento asociativo en la zona. La iniciativa es posible gracias al patrocinio de la Consejería de Presidencia y Movilidad Sostenible del Cabildo de Gran Canaria, dentro de la convocatoria dirigida a asociaciones sin ánimo de lucro para la realización de actividades y proyectos que fomenten la promoción del movimiento asociativo y la convivencia ciudadana 2026.

Desde la AF Los Cabuqueros se invita a todo el mundo a la participación del acto.

 

viernes, 29 de mayo de 2026

Día de Canarias: lo que celebramos, lo que mostramos y lo que realmente somos

 

El 30 de mayo se celebra el Día de Canarias. Una fecha que conmemora la primera sesión del Parlamento de Canarias en 1983 y que simboliza el inicio de la autonomía del archipiélago. No se trata solo de un hecho institucional, sino de un momento en el que Canarias comienza a definirse políticamente desde dentro, a construir un marco propio de representación y decisión. Sin embargo, con el paso del tiempo, esa dimensión institucional ha ido perdiendo protagonismo frente a la celebración cultural. El foco se ha desplazado desde lo político hacia lo identitario, desde la construcción de autogobierno hacia la representación de lo que somos. Y es ahí donde el Día de Canarias adquiere su forma actual: una jornada dedicada a mostrar, compartir y, en teoría, celebrar la canariedad. O al menos, lo que entendemos por ella.

​Basta con salir a la calle ese día para reconocer una imagen que se repite año tras año: trajes tradicionales, romerías, parrandas, grupos folclóricos, chácaras y tambores marcando el ritmo, bailes populares, mesas llenas de comida: gofio, papas arrugadas, queso, mojo, etc. por otro lado plazas convertidas en puntos de encuentro. A eso se suman ferias de artesanía, exhibiciones de lucha canaria, muestras de oficios tradicionales y actividades escolares que intentan acercar esa idea de “lo canario”. Todo eso forma parte de Canarias. Todo eso es real. Pero no es todo.

​Si algo caracteriza al Día de Canarias es esa especie de concentración de símbolos: en un solo día se intenta mostrar lo que somos, como si la identidad pudiera resumirse en una sucesión de imágenes reconocibles o como si bastara con vestirse, comer y bailar para explicar siglos de historia y mezcla cultural. Y ahí aparece la primera duda: ¿estamos celebrando la canariedad o representándola? La diferencia no es menor. Celebrar implica conocer, sentir y entender lo que se está haciendo; representar, en cambio, puede quedarse en la repetición o en reproducir una imagen que sabemos que encaja, aunque no siempre sepamos de dónde viene.

​Por eso, muchas veces el Día de Canarias se mueve en esa línea difusa entre lo vivido y lo escenificado. Nos vestimos de mago o maga, pero no siempre conocemos el origen de esa vestimenta. Comemos productos tradicionales sin pensar en lo que han significado históricamente: el gofio como alimento básico de supervivencia, el queso ligado al mundo rural o las papas como parte de una adaptación al territorio. Es como si la cultura se comprende en un formato accesible, rápido y reconocible; una especie de resumen que, sin embargo, no siempre hace justicia a la realidad.

​La canariedad no funciona como un resumen porque no es una realidad única. No es lo mismo la tradición en El Hierro que en Gran Canaria, ni suenan igual los tambores en La Gomera que en Tenerife. Cada isla y cada municipio han construido sus propias formas de vivir la cultura con matices y ritmos propios. El Día de Canarias tiende a unificar toda esa diversidad en una sola imagen, incurriendo a veces en la simplificación. La canariedad no es solo folclore o gastronomía; es también historia, territorio, lenguaje, memoria colectiva y maneras de entender el tiempo y el trabajo en unas islas con condiciones muy concretas.

​Es lo que hay detrás de todo lo que se muestra: las chácaras y los tambores como tradición transmitida, la lucha canaria como herencia y la artesanía como conocimiento. Incluso las leyendas, como la de San Borondón, son imaginario colectivo para explicar lo desconocido desde lo propio. Cuando todo esto se concentra en un solo día, corre el riesgo de convertirse en una imagen fija que se mira, se disfruta y se deja atrás. Aparece entonces la diferencia entre consumir cultura y vivirla. Consumirla es asistir a una celebración puntual; vivirla es integrarla en el día a día y entender su sentido.

​El problema no es la fiesta, pues la fiesta es necesaria; el problema es cuando la fiesta sustituye al contenido. Cuando el Día de Canarias se convierte en el único momento en el que lo “canario” se hace visible, se corre el riesgo de relegar todo lo demás al olvido cotidiano, como si la identidad tuviera fecha de activación y desactivación. Pero la canariedad no es un evento ni una cita anual: es algo que se construye todos los días en cómo se habla, en cómo se mantienen vivas ciertas prácticas y en la relación con el territorio, el mar y el paisaje.

​Por eso, el verdadero sentido de esta fecha no debería estar solo en lo que se muestra, sino en lo que invita a pensar. No solo en celebrar lo que somos, sino en preguntarnos cuánto de eso sigue presente en nuestra vida diaria. El reto es evitar que la identidad se vuelva decorativa. Lo que está en juego no es cómo nos vemos ese día, sino cuánto de eso sigue vivo cuando la fiesta termina. Porque al final, entre romerías y bailes, la pregunta sigue siendo la misma: si todo eso nos representa o si simplemente lo representamos