La segunda mitad del siglo XIX supuso una drástica revolución para la sociedad de Gran Canaria, marcada por la apertura de los puertos francos y la masiva llegada de tejidos industriales de importación. Este fenómeno, conocido etnográficamente como el período de transición, transformó por completo el armario de las clases populares y rurales de la isla.
Las antiguas prendas artesanales de lana basta del país, lino pesado y paños densos domésticos fueron arrinconadas de forma fulminante ante la llegada de texturas mucho más finas, ligeras y económicas como los algodones finos, percales, villelas y sedas de manufactura fabril.
Este salto tecnológico e industrial trajo consigo una renovación absoluta de los complementos y los cubrecabezas. Por este motivo, las investigaciones históricas son categóricas: las monteras, tanto las masculinas como las femeninas, jamás coexistieron con la ropa del siglo XIX. Sostener que estas piezas artesanales del siglo XVIII se vistieron de forma cotidiana con las nuevas modas decimonónicas es un severo anacronismo que confunde la evolución cronológica de nuestra indumentaria tradicional.
1. Un amplio catálogo de prendas extinguidas antes de tiempo.
La montera era un cubrecabezas pensado para el campo y el pastoreo, muy típico del siglo XVIII (los años 1700) A nivel de uso y confección, las clases populares de la isla contaban con una enorme variedad de modelos. Los hombres del campo no se limitaban a un diseño único, sino que disponían de un catálogo muy rico de formas de cubrirse según la zona y la necesidad, con diferentes caídas, anchuras de solapas y maneras de encajar el gorro sobre la cabeza.
Sin embargo, los estudios etnográficos demuestran que, a medida que avanzaba la centuria decimonónica, todos estos modelos antiguos sufrieron un declive radical hasta desaparecer por completo a mediados del siglo XIX. Cuando el pueblo llano cambió su forma de vestir a finales de siglo, las monteras ya eran reliquias guardadas en los baúles.
2. Las piezas documentadas por "Teno" y las opciones del hombre
Durante mis años de análisis y recopilación de datos, el trabajo de campo del recordado folclorista e historiador José Antonio Pérez Cruz, conocido por todos como "Teno", ha sido un pilar fundamental. En el caso del armario masculino, sus investigaciones son bastante contundentes: hay más de dos tipos de monteras de hombre documentadas en Gran Canaria. Los varones contaban con una gran diversidad de piezas originales recuperadas que alternaban diferentes formas de colocarse, solapas y caídas de casco- El hombre, por tanto, goza de vía libre etnográfica para lucir cualquiera de estas Múltiples variantes masculinas, siempre que se encuadren en su siglo correcto.
En el caso de las mujeres el logro de Teno fue más acotado pero colosal, localizando exactamente dos monteras femeninas documentadas históricamente en Gran Canaria: una de tipología cónica y otra de tipología esférica. El maestro guardaba celosamente estos valiosos patrones para un libro que recopilaría nuestro patrimonio textil oculto, pero lamentablemente su muerte prematura en 2016 nos privó de aquella publicación.
Colaboradoras directas de su labor, como la especialista Pepita Bravo de Laguna, han sido atestiguadoras fundamentales de estos hallazgos, enseñando el uso y las distintas formas de colocación de estas prendas [Pepita Bravo de Laguna en YouTube]. Pero los datos son tercos: si la gran variedad de monteras masculinas ya había desaparecido en el siglo XIX, estas dos piezas de mujer, exclusivas del siglo XVIII, estuvieron totalmente extinguidas en los años 1800.
3. La verdadera cronología del rescate: De Pepita Bravo de Laguna a Pinona Hernández
El verdadero mérito de rescatar con rigor la montera de mujer y subirla por primera vez a las tablas de un escenario corresponden al grupo Antiguos Coros y Danzas de Ingenio. La primera artífice de la montera femenina fue la propia Pepita Bravo de Laguna, quien se encargó de la confección de aquella primera e histórica pieza piloto que vio la luz ante el público.
La intrahistoria de su difusión posterior sitúa a la célebre artesana Pinona Hernández asistiendo a un festival en Ingenio. Tras la visualización por parte de Pinona de aquella montera sobre el escenario, la costurera quedó impactada por el diseño y decidió reproducirla. Con el fin de trabajar sobre seguro, Pinona Hernández se puso en contacto con el técnico de la FEDAC, Paco Mireles. Él no había investigado la pieza, sino que tenía custodiada y guardada la valiosa documentación técnica para el libro que está aún por publicar. Fue gracias a esos documentos custodiados por Mireles que Pinona pudo guiar su trabajo artesanal.
Recrear estas piezas supuso un inmenso trabajo de hechura. A pesar del riguroso esfuerzo y de la maestría unánimemente reconocida de Pinona, revivir estos patrones arcaicos no fue tarea sencilla: en las primeras piezas no se logró dar a la primera con el acabado correcto de la forma y la caída que debían tener las puntas, especialmente en lo que respeta al remate de la visera. El experimento demostró la enorme dificultad técnica de rescatar prendas antiguas y evidenció lo mal que encajan las monteras con las estructuras ligeras de la moda posterior.
4. El "boom" de los sombreros de fieltro: El motor del cambio
¿Por qué hombres y mujeres dejaron de usar monteras? Muy sencillo: porque en Gran Canaria estalló la fabricación de sombreros de fieltro (los famosos "cachorros") en pueblos como Arucas, Moya, Firgas o Gáldar. Estos sombreros se hacían con pelo de conejo o camello, eran modernos, cómodos y, sobre todo, se volvieron muy baratos. Al haber sombreros tan fáciles de conseguir, todo el pueblo llano (tanto hombres como mujeres y niños) adoptó el sombrero de fieltro o de paja y dejó la amplia variedad de viejas monteras de lana arrinconadas en el olvido.
5. ¿De dónde sale entonces este error?
La culpa la tiene el "folklorismo" de mediados del siglo XX (los años 50 y 60), cuando empezaron a crearse muchos grupos de baile. Para que los componentes lucieran más vistos sobre el escenario, los directores de la época empezaron a juntar lo más llamativo de cada siglo: cogieron la montera (siglo XVIII) y la pusieron encima de las faldas, chalecos y camisas modernas (siglo XIX). Con los años, la gente vio eso en las fiestas y pensó que era lo correcto.
6. Guía rápida para la confección y el rigor
Para no hacer mezclas raras en las parejas, mi recomendación basada en los textos históricos es muy sencilla:
- Si se van a vestir del Siglo XVIII: El hombre tiene vía libre para elegir entre cualquiera de los Múltiples tipos de monteras masculinas documentadas en la isla. La mujer puede utilizar los dos modelos femeninos documentados (el cónico o el esférico). Todo ello combinado con telas toscas y paños del país.
- Si se van a vestir del Siglo XIX: Se descartan las monteras por completo para ambos sexos. Los hombres deben usar el sombrero de fieltro (cachorro) o de paja, y las mujeres sombreros de copa pequeños combinados con pañuelos de fábrica.
7. Respuestas a las dudas más comunes: Para que no te lo cuenten
A lo largo de mi investigación, me he topado con los típicos "peros" basados en la costumbre o en excepciones muy concretas. Conviene aclarar las tres dudas más repetidas:
- ¿Pero no usaban montera los marineros de San Cristóbal en el siglo XIX?
Sí, los llamados "rocotes" (pescadores de Las Palmas de Gran Canaria) estiraron el uso de ciertos gorros y monteras masculinas de lana debido al frío y al trabajo en el mar. Pero cuidado: eso era indumentaria de faena (ropa de trabajo de un gremio). No tiene sentido coger una prenda rústica de trabajo y meterla en un traje de fiesta decimonónico. Es mezclar dos mundos que no pegan. - Si el hombre puede usar cualquier montera documentada en la isla y hay dos de mujer, ¿por qué no en el XIX?
Porque toda esa rica variedad de piezas que se conservan y los apuntes de Teno sitúan estos modelos (tanto masculinos como femeninos) estrictamente en el siglo XVIII. Por tanto, meter prendas que ya de por sí eran exclusivas y arcaicas en los años 1700 dentro de las modas de los años 1800 (siglo XIX) con ropa de transición es un invento sin base alguna. - ¿Qué papel interpretó Paco Mireles si la documentación sigue inédita?
El trabajo de Paco Mireles fue técnico y de custodia. Él no realizó la investigación de la pieza, sino que poseía y guardaba los datos técnicos destinados al libro que aún está por publicar. Compartir esa documentación con Pinona tras el festival de Ingenio permitió dar los primeros pasos técnicos en el taller, lo que no justifica que hoy en día se mezcle esa valiosa estructura del siglo XVIII con camisas industriales del siglo XIX.
Reflexión final: El creer no es ciencia cierta
Hoy en día vemos mucho "postureo" en los escenarios y en las romerías: parece que importa más que el traje quede bonito o llamativo en la foto antes que ser fiel a la historia. Deberíamos hacer más caso a lo que está realmente documentado en las fuentes antiguas y menos a las ocurrencias o gustos personales del director de vestimenta de turno.
En la vestimenta tradicional ocurre una cosa: las modas falsas entran muy rápido en los grupos, pero luego son dificilísimas de quitar porque la gente se acostumbra a verlas. Respetemos el legado real de nuestros antepasados y las rigurosas investigaciones de lo que sí está históricamente documentado y contrastado. La identidad de un pueblo no se inventó por estética; se protege a través del rigor y del respeto a la ciencia de los que nos precedieron.
En memoria de José Antonio Pérez Cruz "Teno" , que dedicó su vida a investigar la verdad de nuestra ropa tradicional. Su legado permanece vivo gracias al coraje y la aguja de la primera artífice, Pepita Bravo de Laguna, a la documentación custodiada por Paco Mireles y al compromiso de agrupaciones como Antiguos Coros y Danzas de Ingenio que defienden nuestras raíces con la verdad por delante.
PD: La etnografía y la historia no son dogmas cerrados, sino una ciencia en constante evolución basada en pruebas. Si algún investigador, director de agrupación o particular posee en su archivo privado fotografías antiguas, documentos notariales o testamentos documentados que atestigüen y demuestren que la montera (masculina o femenina) se utilizó de forma cotidiana con las vestimentas de transición del siglo XIX en Gran Canaria, le invita públicamente a sacarlos a la luz, compartirlos y contrastarlos. Sumar datos contrastados es la única vía para seguir construyendo nuestra identidad con rigor.
ANEXO: CONSEJOS PRÁCTICOS PARA AGRUPACIONES
- Respetar los bloques de época: Si una agrupación va a lucir estampas del siglo XIX, tanto los hombres como las mujeres deben llevar las cabezas cubiertas con cachorros de fieltro, sombreros de paja, mantillas o pañuelos. Si se decide usar las monteras documentadas (sean masculinas o femeninas), todo el grupo debe vestir estrictamente con el paño, lino y lana del siglo XVIII.
- Acudir a los especialistas: Antes de cometer un error en el cuerpo de baile, los colectivos tienen a su disposición los canales de asesoramiento de la FEDAC. Es mejor contrastar los patrones con técnicos expertos antes de arriesgarse a subir un anacronismo al escenario.
- Pedagogía ante el error técnico: Si al confeccionar una montera antigua la visera o la punta no quedan perfectas debido a la tremenda dificultad de los patrones originales, es sano explicarlo en las presentaciones del grupo. El público agradecerá la honestidad y aprenderá a valorar la dificultad que tiene la artesanía real.
Bibliografía y Fuentes Consultadas
- Fundación para la Etnografía y el Desarrollo de la Artesanía Canaria (FEDAC): «Trajes tradicionales de Gran Canaria. Patrones» (Ediciones del Cabildo de Gran Canaria). Custodia de datos técnicos e indicios de indumentaria destinadas a publicaciones inéditas a cargo del técnico Paco Mireles [Trajes tradicionales de Gran Canaria. Patrones - FEDAC].
- Portal de Etnografía y Cultura Tradicional Canaria: «La Montera» y «Vestimenta de Transición» . Registros históricos digitales sobre el desuso de la lana del país frente al sombrero de fieltro [Cultura Tradicional de Gran Canaria].
- Archivo y Trabajos de Campo de José Antonio Pérez Cruz "Teno":
Investigaciones sobre las Múltiples monteras masculinas y las dos piezas femeninas (una cónica y otra esférica) documentadas en Gran Canaria, contrastadas públicamente por la especialista Pepita Bravo de Laguna [Encuentro de Costura de Gran Canaria - Facebook].
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