Como bien escribí hace algunos meses, era de suma importancia protegerse del voto tóxico y de quienes solo buscan el poder, y eso es lo que ha pasado en la reciente convocatoria de las elecciones a la Sociedad de Fomento, Instrucción y Recreo “Casino de Gáldar”. Porque, más allá de que no se hayan celebrado las elecciones en las urnas, hay que destacar que el motivo principal de que solo hubiera una candidatura se debe, mayormente, a que aquí nos conocemos todos, y vender humo, en ocasiones, no es la mejor estrategia, ni para conformar una lista de un mínimo de once personas, ni mucho menos para que la mayoría de los socios y socias depositen su confianza en la candidatura en cuestión.
Desde la celebración de las dos últimas asambleas se vio claramente cuál era el sentir de una parte de los socios y socias, porque, más allá de las diferencias y opiniones que puedan existir, cuando consejos vendo que no tengo, o cuando determinadas actitudes terminan por degradar el ambiente de las asambleas, alejándolas del debate constructivo que debería imperar, se pierde la oportunidad de avanzar. Estoy más que convencido de que pueden tener razón en algunas de las propuestas, pero cuando se pierden las formas y los modos, se pierde la razón.
El debate es necesario, eso sí, con serenidad, educación y conocimiento, y con la coherencia de que lo que se predica se corresponda con las actuaciones. Sin embargo, esta reflexión viene a colación porque muchos de los magníficos oradores y vendedores de humo acaban evidenciando, con sus propios actos, una falta de coherencia entre lo que proclaman y lo que practican.
El propio proceso electoral sirvió para evidenciar contradicciones que hasta entonces habían pasado desapercibidas; es más, yo diría que dio una lección superlativa de conciencia y realidad. Una realidad que viene a decir que más vale malo conocido que bueno por conocer, sin olvidar que aquí nos conocemos todos.
Muchas personas salieron de aquellas asambleas sacando pecho, afirmando que era una oportunidad única para cambiar el rumbo del Casino, ya que la división interna así lo atestiguaba. Sin embargo, cuando se pierde una oportunidad única, creo que se pierden muchas cosas, ya no solo como socio o socia, sino también como persona.
Repito que la diferencia de opiniones nos enriquece, nos cultiva y nos hace crecer, pero cuando solo se pretende alcanzar objetivos muy sectorizados, se produce un claro perjuicio para el interés general. Hacer una lista con once personas no es nada fácil; prueba de ello es que solo hubo una candidatura. Por ello, es necesario hacer una reflexión profunda sobre los estatutos, ya que, para la realidad actual, están obsoletos tanto en los porcentajes como en el número de personas necesarias para conformar una candidatura, e incluso en el tiempo de antigüedad exigido para poder formar parte de la misma.
Mención aparte merecen las once personas que dieron el paso de conformar la única candidatura, asumiendo una responsabilidad que no es cómoda ni sencilla, y demostrando con hechos y no solo con palabras su compromiso con el Casino de Gáldar.
La reforma de los estatutos se me antoja más que necesaria, porque supone un paso hacia una participación más plural y democrática, lo que llevaría a una mayor implicación de los socios y socias, aun cuando puedan existir diferencias de opiniones y sentires.
Por suerte para el Casino de Gáldar, en esta ocasión no hubo que recurrir a votar en contra como único acto de amor que le queda a una comunidad, puesto que ese acto de amor comenzó cuando no consiguieron conformar una candidatura para concurrir a las elecciones. Porque, más allá de la verborrea y el protagonismo que muchos acaparan en las asambleas, la ausencia de una candidatura alternativa dice mucho más que cualquier resultado en las urnas.
Tal vez esta experiencia sirva para comprender que el Casino de Gáldar no necesita salvadores ni discursos grandilocuentes, sino responsabilidad, compromiso y respeto por la comunidad.
Cría fama y acuéstate a dormir; porque, en comunidades pequeñas, la coherencia siempre termina pasando factura… o dando la razón.

A buen entendedor con pocas palabra vale. Lo peor es que se escuchaban por parte de personas que tenían que cargarse al Presidente actual del Casino. Que triste que ocurran estas cosas en los tiempos que estamos.Vergonzoso puesto que Al final no tuvieron lo que tienen que tener, para presentar una candidatura alternativa.Esto es de Juzgado de Guardia.
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